Héctor Socas Navarro

18-06-2010

Héctor Socas Navarro
Con “Cosmos”, de Carl Sagan, en las manos, Héctor destaca que “a veces es bueno parar, dar un paso atrás y recordar por qué hacemos lo que hacemos”.
Foto: Candelaria Díaz Acosta

¿Por qué es usted astrofísico?
Pues es un caso bastante típico de vocación. Creo que de pequeñito estuve muy influenciado por películas de ciencia ficción o, en general, ambientadas en el espacio. Tengo vagos recuerdos de haber querido ser astronauta para así poder viajar a otros planetas. Luego poco a poco uno se va dando cuenta de que las cosas no funcionan exactamente así y me fui inclinando más por otras formas más abstractas de viajar hacia el infinito, pero no por ello menos apasionantes.

¿A qué edad y en qué circunstancias escogió esta profesión?
Cuando tenía algo así como diez años se emitió por TVE la serie documental "Cosmos: Un viaje personal", de Carl Sagan. Por alguna razón la serie me impresionó mucho y probablemente tuvo una gran influencia en el rumbo de mi pequeño viaje personal.

¿Qué investiga?
Me interesan las estrellas. Trabajo casi exclusivamente en el estudio del magnetismo solar con la esperanza de que algún día podamos entender la relación entre los procesos magneto-hidrodinámicos del plasma y la (ocasionalmente violenta) actividad solar. Pero estoy continuamente buscando excusas para aplicar las técnicas que vamos desarrollando al estudio de otras estrellas y sus procesos de actividad. Con el tiempo espero poder ramificar mi investigación a otras áreas donde se den procesos físicos similares en plasmas magnetizados.

¿Qué instrumentación requiere?
Telescopios solares (son algo diferentes a los nocturnos en su diseño), espectropolarímetros y ordenadores potentes (idealmente superordenadores como el actualmente existente en el CALP, Centro de Astrofísica de La Palma).

¿En qué consiste una jornada laboral estándar?
Típicamente en venir a la oficina, sentarme delante del ordenador, analizar montones de datos y hacer programas para realizar cálculos interminables. Ocasionalmente me toca viajar a reuniones en las que se discute el diseño de futuros instrumentos o a conferencias donde presentamos nuestro trabajo y debatimos con colegas. Y luego hay otras veces en las que toca ir a observar, bien sea en nuestros observatorios o en otras partes del mundo. Pero en general pasamos menos tiempo observando de lo que la gente suele imaginar. Se tardan meses en planificar una buena campaña de observación y a veces aún mucho más en analizar los datos obtenidos.

Díganos un descubrimiento que culminaría, de tener lugar, su carrera profesional.
Lo bonito de esta profesión es que cada pregunta que resolvemos abre diez nuevos interrogantes, por lo que nunca se termina de aprender. Creo que lo único que culminaría esa interminable búsqueda del conocimiento sería morirme o, lo que es peor, que perdiera la capacidad de asombrarme.


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