Comienza un año dedicado al cielo

Annia Domènech / 01-01-2009

Ya está, ya han transcurrido 366 días más, con sus correspondientes horas, minutos y segundos, y hemos entrado en el año 2009. Feliz año astronómico a todos ustedes.

Se preguntarán el porqué de la denominación “astronómico”. La razón es, nada más y nada menos, que estamos viviendo en el Año Internacional de la Astronomía, así declarado por la UNESCO y ratificado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Su inauguración oficial tendrá lugar los próximos 15 y 16 de enero con una conferencia en la sede de la UNESCO en París.

El pretexto para esta celebración anual es festejar los 400 años del primer uso del telescopio por Galileo. Su objetivo: maravillar expandiendo las fronteras del conocimiento astronómico tanto como sea posible. Para intentarlo, profesionales de distintas disciplinas: investigadores, divulgadores, secretarias, administrativos… han aunado esfuerzos de modo que, a lo largo de estos doce meses, exista una presencia cotidiana del cielo en la Tierra.

En el portal web del nodo español del IYA (por International Year of Astronomy, en sus siglas en inglés), la bella divisa es “El Universo para que lo descubras” y, ciertamente, proporciona el modo de hacerlo a través de la información de las actividades propuestas no sólo en España, sino también internacionalmente (ver enlaces relacionados).

¿Por qué un año? La duración dedicada al IYA podría ser otra, y entonces no se llamaría así sino de un modo distinto. A estas alturas de la Historia, ello es poco probable, pues un año es una medida temporal bien asimilada por nuestro mundo, y que no data de ayer.

Cuantificar y ordenar el tiempo es inherente a cualquier sociedad humana, no importa cuán compleja sea. El arqueólogo americano Alexander Marshack defendía la controvertida hipótesis que ya en plaquetas de hueso datadas en el Paleolítico europeo, hace unos 15.000 años, se podían encontrar registros de fases lunares o del número de lunaciones en un año. Los cazadores las habrían utilizado como guía para perseguir las manadas de animales de las que se alimentaban. Con el desarrollo de la agricultura y la ganadería en el Neolítico, medir el tiempo se convirtió en algo imprescindible.

Pero la primera evidencia escrita de la ordenación del tiempo procede del antiguo Egipto, 10.000 años después de las plaquetas paleolíticas. De hecho, que actualmente sumemos 365 días para llegar a un año es culpa de un período de lluvias y de una estrella. En primavera, las lluvias monzónicas que descargaban en la Meseta de Etiopía eran encauzadas al río Nilo, cuya crecida llegaba a la frontera sur egipcia en fechas próximas al solsticio de verano. La inundación resultante se repetía periódicamente con un promedio de 365 días, aunque de un modo poco preciso. Sin embargo, allá por el año 3000 a.C. los antiguos egipcios descubrieron que el orto helíaco de la estrella Sirio se producía por esas fechas. Y no sólo eso, sino que lo hacía con exactitud cada 365 días, por lo que comenzaron a usar este fenómeno como el más importante jalón de su calendario solar, que es antepasado del nuestro.

Y así nos encontramos hoy condicionados por el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol, a dedicar el tiempo que invierte en realizarlo (un año) a divulgar este saber, y otros del mismo Universo. Curioso.

¿Perdurará el conocimiento astronómico, y el interés que ahora suscita, más allá del 2009? Los “años de” son una buena excusa para concentrar recursos y, con ellos, atraer la atención mediática e informar (y formar) a la población. Después es innegable que permanece un poso de saber, a la gente “le suenan” los temas hablados. El reto, como siempre, está en llegar a todo el mundo, no a los ya convencidos. Básicamente, hay que adoptar la visión optimista de “divulga, que algo queda”.

En caosyciencia, siempre hablamos de Astronomía, reconocemos que tenemos una cierta predilección por esta disciplina científica, quizás por ser una publicación del Instituto de Astrofísica de Canarias… Sin embargo, no nos resistimos a utilizar también nosotros esta fantástica “excusa” que es el IYA, y en 2009 publicaremos doce artículos, uno por cada mes del año, sobre los grandes observatorios astronómicos que, desde la Tierra, investigan el Universo. Quizás haya algo más… pero como buena sorpresa no podemos avanzar nada.

Lo que sí podemos desearles, una vez más, es que pasen un magnífico año, y que lo aderecen con tanta Astronomía como les apetezca.

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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