Leyendo ciencia en... Los habitantes del espejismo

Anthony Baillard / 02-03-2010

Abraham Merritt

“Es bastante sencillo (...). Hay un valle profundo completamente rodeado de picos de vértigo (...); un flujo constante de aire frío sopla en estos pozos, incluso en verano. Inmediatamente bajo su superficie existe sin duda una actividad volcánica, fuentes de calor, etc. (...). El aire caliente y pesado llena el valle hasta el nivel de la capa de aire frío. (...) El espejismo se forma en la intersección existente entre ambos.”

Éstas son las palabras escogidas por Leif Langdon para explicar a su amigo indio Tsantawu el espejismo que esconde un amplio valle que alberga una vida exuberante y extraña en la novela “Los habitantes del espejismo” de Abraham Merritt, un escritor americano de ciencia ficción de principios del siglo XX.

La obra de Merritt retrata con frecuencia a otros seres pertenecientes a otras razas, ya desaparecidas. Y esta novela no es ajena a esta dinámica. A diferencia de otros autores de ciencia ficción, como Julio Verne o H.G. Wells, Merritt renuncia a especular sobre grandes principios metafísicos ni tampoco se interesa por el día a día de científicos a punto de hacer importantes descubrimientos (¿les suena esta historia?). En lugar de esto pone las bases de un estilo distinto, que se conoce como heroic fantasy (fantasía heroica) porque se fundamenta en el exotismo y el miedo. Ello no implica que, a semejanza de sus colegas, no esté influenciado, y se base, en la ciencia en ese momento contemporánea.

El libro del que trata este artículo, publicado por vez primera en 1932, no es una excepción, y en él se evidencia su gran conocimiento de la investigación que realizaban sus coetáneos. Le saca partido a ese saber de un modo elegante y mesurado y, sobre todo, con un claro objetivo: hacer plausible un discurso muy fantástico, pues no manifiesta ningún interés en cortarle las alas a su imaginación. Pero son los detalles de la ciencia moderna con las explicaciones pertinentes los que consiguen evitar la negación total de su historia al aportarle verosimilitud. Se trata, todo hay que decirlo, de una estrategia un poco simplista, pero con un resultado convincente que permite al lector aceptar el universo imaginario que se le plantea y dejarse llevar por las fantásticas descripciones de un mundo de sueño. Veamos tres ejemplos para corroborarlo.

La primera vez que Merritt se refiere a un conocimiento científico es para justificar la existencia del espejismo, tal como han leído en el párrafo inicial. Se trata de una explicación corta pero que le permite obtener una gran libertad para la posterior descripción del mundo fantástico existente debajo del mismo. Este mundo, desconocido por el ser humano a lo largo de siglos, no ha evolucionado desde el período del Carbonífero, hace 300 millones de años. Pero, ¿qué es un espejismo? Es un fenómeno ciertamente sorprendente que tiene lugar como resultado de la variación del índice de refracción del medio en el cual se propaga la luz, variación que depende de la temperatura y la densidad del medio en cuestión. Cuando hay un cambio local y vertical de la temperatura (de unos cuantos metros a unas decenas de metros), el índice de refracción de la atmosfera varía con el altitud y, en consecuencia, la trayectoria de los rayos de luz se curva. Si realizan un viaje en coche por una autopista cuando hace mucho calor, puede ocurrir que crean ¡ver las nubes dentro del asfalto!, se trata del mismo efecto. El ejemplo de Merrit es desproporcionado, pero se basa en un fenómeno físico real.

En la segunda ocasión, el autor trata de la biología humana, y hace una extrapolación directa entre la proporción del cerebro formado por neuronas y la parte del mismo que "piensa". Este dato, junto con el de los cromosomas como vectores de la herencia, descubierto entonces, son utilizados por Merritt para explicar el desdoblamiento que ocurre en la personalidad de su héroe, que se transforma en un antepasado suyo que vivió entre 1.000 y 5.000 años antes.

La cuestión es ¿qué se encuentra en la tierra incógnita que es el cerebro? El escritor supone que "quizás contiene un almacén de recuerdos ancestrales, de recuerdos que retroceden a la era los antepasados peludos, simiescos (...) hasta llegar a las criaturas equipadas con aletas (...), a sus antepasados que se multiplicaron en océanos hirviendo en la época en la que nacieron los continentes”. Podemos apuntar que este pasaje también revela un conocimiento de la teoría de la evolución de Darwin. La genética muestra que los cromosomas son la memoria de la vida al contener los genes (genotipo) que se transmiten en la herencia, y que son los que determinan las características del organismo (fenotipo). De lo que se sabía como de lo que no, Merritt saca partido para construir un recuerdo fantástico.

El tercer uso de la ciencia en “Los habitantes del espejismo” resulta todavía más impactante, pues se trata de un avance científico muy reciente en ese momento, además de complejo. Se trata de la Teoría de la Relatividad de Einstein (1915). De la nueva idea de un espacio-tiempo, Merritt infiere la existencia de varios mundos evolucionando simultáneamente en el mismo lugar. Así puede justificar las puertas dimensionales por las cuales viene el terrible dios con cabeza de pulpo Khalk'ru (más conocido en la obra de Lovecraft como Cthulhu). Merritt es un precursor en el uso de la teoría relativista en la ciencia ficción, pues las consecuencias de la relatividad general fueron muy utilizadas por otros autores a partir de los años setenta (Crónicas de Ámbar por Robert Zelazny o Guía del viajero intergaláctico de Douglas Adams). Hoy en día, abundan las novelas (Sus materiales oscuros), los cómics (Las ciudades oscuras) y las series de televisión (Stargate, Salto al infinito o Farscape) que juegan con estos mismos conceptos.

Los ejemplos mencionados explicitan el interés del autor americano por la ciencia de su época. Quizás saber que Merritt fue un apasionado de horticultura exótica y un apicultor ayuda a entender mejor el personaje, así como su gusto por los mundos fantásticos. La Nave de Ishtar o El Monstruo de Metal son otros títulos suyos famosos en los cuales mezcla también ciencia y fantasía. En ¡Arde, bruja, arde! publicado en 1932 y llevado al cine por Tod Browning en 1936 con el título Muñecos infernales, cuenta como un científico consigue la transformación de la estructura molecular de los seres vivos para darles un tamaño de muñecos. Desgraciadamente, ¡la reducción de sus cerebros les hace perder todas sus facultades mentales!

Merritt inició una nueva forma de ciencia ficción en la que, todo hay que reconocerlo, hay poca ciencia, pero ésta se encuentra en puntos clave para abrir bien ampliamente las puertas de lo fantástico. Y, como lo fantástico es tan maravilloso, se le perdona.

 

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El autor

Anthony Baillard es Ingeniero Informático y Doctor en tratamiento de imágenes e inteligencia artificial.

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