Dione, una canica rota

Ángel Gómez Roldán / 03-03-2006

Dione es una más de las docenas de lunas que orbitan en torno a Saturno, de hecho la cuarta en tamaño tras Titán, Rea y Japeto.

Con un diámetro de 1.126 km, gira cada 2,74 días mostrando siempre la misma cara al planeta anillado. Está situada a 377.400 km de él, casi a la misma distancia media que hay entre la Luna y la Tierra. Sin embargo, Saturno aparece en el cielo de Dione con un tamaño aparente nueve veces superior al de nuestro planeta en el firmamento lunar.

En 1684, Dione fue descubierta por el astrónomo Cassini. Como tiene una magnitud aparente en torno a 10, es relativamente sencillo observarla con un telescopio de aficionado como una débil estrella blanca, siempre cercana al planeta.

Hasta que los primeros vehículos espaciales, las sondas de la NASA Voyager 1 y 2, pasaron en 1980 y 1981 por el sistema de Saturno, apenas se conocía nada de este pequeño satélite. Sólo que carece de atmósfera, que su firma espectral recogida por telescopios terrestres indica una superficie de hielo de agua, y que su temperatura media es de unos 190 ºC bajo cero.

Sin considerar Titán, cuyo gran tamaño induce por compresión gravitatoria una elevada densidad, Dione es, con 1,43 g/cm3, la más densa de todas las lunas saturninas. Los planetólogos piensan que, además de hielo de agua, en su núcleo debe haber una fracción considerable de rocas tipo silicatos, aunque se especula con que no sea mayor que un tercio de su diámetro.

Cuando las sondas Voyager enviaron a la Tierra las primeras imágenes de Dione, la sorpresa fue descubrir una intricada red de gruesas marcas brillantes sobre un fondo algo más oscuro, como si fueran los dibujos de una gigantesca canica de hielo. Situada en uno de los hemisferios (el opuesto a Saturno, también llamado posterior), la red se superponía a los pocos cráteres de impacto, lo que parecía indicar que es posterior a ellos. Por el contrario, el hemisferio anterior (el que siempre mira hacia el planeta) era uniformemente brillante y estaba plagado de cráteres de escaso relieve.

La hipótesis más aceptada para explicar semejante superficie era que, tras su formación por acreción a partir de la nebulosa solar primigenia, hace más de 4.000 millones de años, este satélite era muy activo y algunos procesos de criovulcanismo expulsaron material helado de su interior generando las marcas brillantes visibles en el hemisferio posterior. Sin embargo, y como suele ocurrir en ciencia, se trataba de una hipótesis equivocada.

Como ya ha sido mencionado en previas entregas de esta serie sobre las lunas del Sistema Solar, la sonda Cassini, en órbita de Saturno y sus satélites desde julio de 2004, está revolucionando nuestro conocimiento de este planeta, sus anillos y lunas. En el caso de Dione, el primer sobrevuelo cercano de Cassini tuvo lugar el 15 de diciembre de 2004. Entonces, para asombro de todos, las marcas brillantes, que tan notorias eran en las imágenes de Voyager de veinticuatro años antes, revelaron su auténtica naturaleza. Se trataba de altas paredes de acantilados de hielo provocados por fracturas tectónicas gigantescas (y no de gruesos depósitos de hielo procedentes del interior de la luna).

El 11 de octubre de 2005, la nave Cassini pasó a sólo 1.000 km de distancia de este satélite y obtuvo vistas detalladas de las complejas fallas que cubren gran parte de su superficie helada. Hoy sabemos que ésta se caracteriza, además de por las fracturas tectónicas, por zonas densamente craterizadas y unas particulares planicies cuya densidad de impactos es menor. En las primeras se encuentran cráteres de más de 100 km de diámetro, mientras que en las segundas son raros los que superan los 30 km.

¿Por qué los terrenos más mellados están en el hemisferio anterior y los más lisos en el posterior? La hipótesis actual es que hace varios miles de millones de años, en las primeras etapas de formación del Sistema Solar, hubo un periodo de intenso bombardeo de meteoritos. Acoplada por fuerzas de marea gravitatoria con Saturno, Dione le mostraba la cara opuesta a la que le enseña actualmente. Por ello, fue más golpeada en el que es ahora su hemisferio hacia el planeta (o anterior), pero que antes era el de fuera, y por tanto el más expuesto. Dione, que rota y orbita sincrónicamente, probablemente enseña el mismo hemisferio a Saturno desde hace muchos millones de años.

Las fracturas de tipo tectónico parecen ser muy comunes en los satélites helados del Sistema Solar externo, especialmente en los de Saturno. Sin embargo, es sorprendente la variedad de terrenos y paisajes que las cámaras de la sonda Cassini revelan. ¿Por qué Encélado, que es mucho menor que Dione, no sólo tiene grietas parecidas sino que además expulsa por ellas nubes de vapor helado? ¿A qué se debe que Japeto, algo mayor, muestre una enorme cordillera en su ecuador pero apenas fracturas grandes?

Sólo hemos comenzado a descubrir las maravillas de Saturno y sus mundos. Se prevé que la misión Cassini continúe activa como mínimo hasta 2008, con una más que posible prorroga. Hasta entonces, la sonda espacial realizará otros cuatro sobrevuelos lejanos a Dione. Seguro que generará nuevas respuestas y nuevas preguntas.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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