Una odisea que ya hubiera sido

Héctor Castañeda / 03-04-2008

Hace cuarenta años, el 3 de abril de 1968, se estrenó en Nueva York la película 2001: una odisea del espacio, basada en un relato corto de Arthur C. Clarke, y el género cinematográfico de la ciencia-ficción nunca volvió a ser el mismo. Por esas casualidades del destino, Clarke falleció hace pocas semanas, el 19 de marzo del 2008. Sin embargo, su visión del futuro de la humanidad, transmitida en una abundante producción de libros, le sobrevivirá durante mucho tiempo, y uno de sus grandes legados será dicha película.

El 31 de marzo de 1964 el director de cine Stanley Kubrick escribió una carta a Clarke, entonces un conocido escritor de ciencia-ficción, en la que decía, entre otras cosas, "…Soy un gran admirador de sus obras desde hace bastante tiempo y siempre quise discutir con usted la posibilidad de hacer una película proverbial de ciencia ficción "realmente buena" (…) ¿Le interesaría venir (a Nueva York) con vistas a una reunión cuya finalidad sería determinar si podría existir o surgir una idea que nos atrajera lo suficiente a ambos como para querer colaborar en un guión?".

Finalmente, Clarke y Kubrick llegaron a un acuerdo sobre el número de historias que podían conformar una base prometedora. La base del guión sería el relato corto "El centinela", que cuenta como unos exploradores hallan en la Luna una pirámide, evidencia de una visita extraterrestre del Sistema Solar en el pasado. Ésta parece ser una especie de alarma, dejada por los extraterrestres para ser encontrada por una civilización lo suficientemente avanzada tecnológicamente como para interpretarla correctamente.

El resto, como se suele decir en estos casos, es historia. El encuentro entre la película y la prensa no fue lo que se llama un amor a primera vista. Las críticas se caracterizaron por ser, mayoritariamente, de malas a terribles. Reconocían pertinentemente un mérito a sus valores estéticos, pero reprochaban lo que era visto como una autoindulgencia del director al contar de forma grandiosa una historia simple y confusa.

Cuando parecía que toda la producción sería un fracaso, la gente del departamento de publicidad de la Metro Goldwyn Mayer se dio cuenta de que la asistencia a los cines se mantenía constante, e incluso en algunos casos aumentaba. Se trataba de un público joven, que durante la última parte de la película parecía fumarse cierto tipo de sustancias de propiedades alucinógenas. Consecuentemente, se cambió la publicidad de la película de modo a enfatizar sus aspectos más psicodélicos. Si uno quería estar a la última, era necesario visualizar 2001.

En la cartelera, las semanas se transformaron en meses, lo que dio tiempo a algunos críticos influyentes de tomar nota de lo que estaba pasando, visionar de nuevo la película, y cambiar de opinión. En una época donde todo transcurría más lentamente, ésta se mantuvo en cartel durante más de dos años en algunos cines. Pasado este tiempo, ya había dado beneficios a la MGM. La película había triunfado.

Pero, ¿de qué habla 2001: una odisea en el espacio? Existen muchas interpretaciones distintas. Es una reflexión sobre el origen de la humanidad, así como del lugar que ésta ocupa respecto al Universo. También presenta un escenario plausible para la evolución de lo que en la película son llamadas "máquinas inteligentes", y ahora conocemos como "inteligencia artificial". Y, finalmente, muestra el primer encuentro de la raza humana con una civilización extraterrestre, un suceso que escapa a nuestra comprensión. Sin embargo, analizándola de una manera más sencilla, busca dar una visión realista del futuro de la exploración del espacio y la evolución de la ciencia de la informática en la llegada del nuevo milenio.

2001 fue rodada en el apogeo de lo que podría llamarse la primera era de los viajes espaciales tripulados. Un año después llegó el hombre a la Luna, pero una vez logrado este hito sólo se realizaron unos pocos viajes más antes de cancelar el programa Apolo que los hacía factibles. Los viajes tripulados se limitaron entonces a la orbita terrestre baja. Pero a los entusiastas de esa época no les parecía descabellada la idea de que en el año en que está ambientada la película fuera posible viajar a otros planetas y bases lunares permanentes. Falló la comprensión de que, para lograr esa presencia en el espacio, era necesario primero, como para cualquier tecnología, el desarrollo de una infraestructura básica que, en el caso de los viajes espaciales, requiere la inyección de enormes cantidades de dinero. En la actualidad un caso análogo es el desarrollo de la sociedad de información, para el cual ha sido necesario una gran inversión en instalaciones de telecomunicaciones: torres para telefonía móvil, fibra óptica para el transporte de señales de internet, satélites y fibras para comunicaciones intercontinentales… Sólo después de dicha inversión se ha observado un crecimiento exponencial en la tecnología.

Respecto a la inteligencia artificial en 2001, también encontramos entusiasmo y el hecho de subestimar los retos a vencer para su desarrollo. El computador Hal 9000 representa la idea simple de que el resultado inevitable del desarrollo del soporte físico consiste en el logro de máquinas inteligentes. La potencia de cálculo y el hardware han evolucionado de una manera quizá más poderosa de lo que podría haberse imaginado en la época de la película. El ordenador se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestra vida, y la miniaturización permite que se encuentre en cualquier lugar. Una típica casa moderna puede tener en su interior cuatro o cinco ordenadores. Y, sin embargo, ninguno de ellos puede considerarse como un compañero de la familia. Aquí el problema radica en que es mucho más difícil llegar a la inteligencia artificial de lo imaginado. Por supuesto, ahora hay sistemas que reconocen la voz, reciben instrucciones y contestan (como cualquiera sabe cuando se trata de contactar con un número de servicios de una compañía de telecomunicaciones), computadores que juegan y ganan al ajedrez (incluso al campeón del mundo), pequeños aparatos que guían coches... Pero aún estamos a muchos años, quizá, de máquinas que puedan mantener una conversación "humana" con una persona. Una maquina con conciencia de sí misma, el objetivo final de la inteligencia artificial, parece ser aún un sueño lejano.

Esto no implica que 2001 no sea una película remarcable por su plausibilidad científica: lo es. Por ejemplo, la estación espacial posee forma de rueda, que es el diseño clásico necesario para generar una gravedad artificial por el efecto de la aceleración centrífuga que sienten sus ocupantes y que los empuja hacia el exterior (el "piso") de la rueda. De hecho, la nave "Discovery" tiene una centrifugadora, pues es una medida necesaria para mantener el correcto estado físico de los astronautas en las misiones de larga duración. Asimismo, en la película los personajes vuelan al espacio con naves parecidas a transbordadores espaciales. Sin embargo, como en la órbita de la Tierra las formas aerodinámicas ya no son necesarias, las naves que viajan a la Luna y a otros planetas, construidas en una ambiente de gravedad cero, tienen formas redondeadas o estructuras frágiles.

Por supuesto, se realizaron "arreglos" realizados para un mejor visionado de la película, como ocurre con la no completa oscuridad del espacio interplanetario, en el cual se debería mostrar un mayor contraste entre sombras y luz. Además, en las escenas que transcurren en la Luna parece que su gravedad sea similar a la terrestre, lo que no es cierto. Pese a todo, 2001 es lo más parecido al documental que, sin duda, se rodará cuando exploremos el espacio.

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El autor

Héctor Castañeda es Doctor en Astrofísica. Actualmente trabaja en el proyecto del instrumento OSIRIS para el Gran Telescopio Canarias.

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