Entrevista a Jesús Martínez-Frías

Los meteoritos jugaron un papel determinante en la formación de nuestro planeta

Annia Domènech / 05-05-2003

Jesús Martínez-Frías es jefe del Laboratorio de Geología Planetaria (LPG) del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), Coordinador de The Planetary Society en España y Vicepresidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la ONU.


¿En qué consiste su trabajo en el Centro de Astrobiología?
Desde el punto de vista administrativo, soy el responsable del Laboratorio de Geología Planetaria. Desde el científico, trabajo con meteoritos y modelos terrestres que puedan ser utilizados en el estudio de Marte.

¿Qué diferencia hay entre un meteorito, un meteoroide y un meteoro?
Fundamentalmente no se habla de meteorito hasta que no recuperas el ejemplar, hasta que no impacta en la Tierra. Cuando está atravesando la atmósfera terrestre, la partícula es un meteoroide, y el fenómeno que genera es un meteoro.

¿Con qué frecuencia llega un meteorito a la Tierra?
Con una frecuencia que depende del tamaño. Afortunadamente, los grandes lo hacen cada millones de años. Nosotros, que llevamos aquí un microsegundo en comparación con la vida en nuestro planeta, no hemos sido testigos de una catástrofe gigantesca pero la Tierra sí ha sido testigo de grandes meteoritos y ha habido especies que se han extinguido.

¿Cómo se reconoce un meteorito?
Es difícil explicar brevemente toda la disciplina que permite caracterizar a un meteorito. Básicamente, están los meteoritos silicatados, que son fundamentalmente condritas y acondritas; los siderolitos, una mezcla de silicatos y metal; y los sideríticos, constituidos en un 99% por una aleación de hierro y níquel. También hay un tipo especial de condritas que se llama condritas carbonáceas, especialmente ricas en compuestos de carbono.

Los meteoritos, ¿se buscan o se encuentran?
Desde hace unos quince o veinte años, hay campañas de búsqueda de meteoritos, sobre todo en la Antártida, donde determinadas zonas son propicias para su hallazgo.
En las morrenas terminales de los glaciares (donde termina el glaciar y choca con un frente montañoso) los meteoritos se acumulan. En el Sahara o el desierto de Atacama (Chile) también se encuentran.
En sitios volcánicos como Tenerife es complicado distinguirlos de las rocas terrestres. Suelen buscarse en zonas estables y con poca actividad, en sitios que han permanecido geológicamente estables durante mucho tiempo. En otro tipo de zonas, que han sido movidas por su dinámica cortical, sólo encontraríamos meteoritos recientes.

Una vez hallado un meteorito, ¿qué debemos hacer?
Llevarlo a una institución científica para verificar si realmente se trata de un meteorito. Esa verificación da lugar a una ficha de identificación que se envía a la Comisión Internacional de Meteoritos y es publicada en el Meteoritical Bulletin. Sólo entonces se puede decir que es un meteorito, reconocido y verificado por la comunidad científica internacional.

¿Qué relación hay entre los meteoritos y la búsqueda de vida extraterrestre?
Los meteoritos son muy importantes para entender qué es la vida, si puede existir en otros lugares, cuál es su producto en la Tierra, incluso su futuro... todo lo que rodea a la Astrobiología.
Jugaron un papel determinante en la formación de nuestro planeta, constituido por la acreción de planetesimales. Sus impactos fundieron la corteza superior de la Tierra cuando estaba prácticamente formada contribuyendo a la formación de la atmósfera, determinante para la aparición de vida. Además, sus impactos han contribuido a la actuación de la selección natural, haciendo que unas especies continuaran y otras no.

Como la famosa extinción de los dinosaurios.
Y de otras especies, por ejemplo en el límite Cretácico-Terciario. Hay muchos otros límites (cambios de era) en los que parece haber habido cuerpos acercándose a la Tierra con una periodicidad elevada que podrían haber impactado en ella y, si su tamaño era superior a un kilómetro, provocar catástrofes planetarias.
Los meteoritos presentan compuestos ricos en carbono que deben haber jugado un papel fundamental en la aparición de la vida en nuestro planeta, por ejemplo las condritas carbonáceas contienen carbonatos, aminas, ureas, precursores de hidrocarburos, aminoácidos... No estoy de acuerdo con la teoría de la panspermia, que defiende que la vida llegó de fuera, pero creo que los meteoritos han aportado una serie de compuestos fundamentales para la vida.

¿El agua también?
Es un hecho que nuestro planeta es el resultado de la acreción de partículas extraterrestres. No es necesario que el agua proceda exclusivamente de cometas (pequeños núcleos asteroidales recubiertos de una gigantesca coraza de hielo y polvo). Se sabe que algunos meteoritos tienen una riqueza en agua que puede llegar al 18 o 20% en peso.

Hace algún tiempo se informó sobre la aparición de un meteorito con restos de vida en su interior.
El profesor David McKay y algunos colaboradores publicaron en la revista Science un artículo sobre el meteorito ALH84001, procedente de la zona de Allan Hills, en la Antártida. Según ellos, contenía indicios de posible actividad biológica durante su formación en Marte. En ningún momento dijeron que fuera un fósil, que es la litificación de un organismo.
Estos indicios consisten, entre otros aspectos, en cadenas de magnetita similares a las cadenas que aparecen en algunas bacterias magnetotácticas, que podrían ser biomarcadores, es decir, indicadores de que hubo algo vivo que ya no está. También en morfologías extrañas similares a bacterias, la existencia de hidrocarburos policíclicos aromáticos, paragénesis (asociación de minerales con carbonatos, sulfuros, óxidos...). Por separado, estos hallazgos se podían explicar de forma inorgánica, pero juntos era difícil, por lo que pensaron que podrían ser indicios de actividad biológica. Tras este descubrimiento, se han hecho otros similares en otros meteoritos de Marte, concretamente en el de Nakhla. Aunque todo ello sigue aún en controversia.

¿Cómo se puede distinguir si un meteorito procede o no de Marte?
Se trata de una disciplina complejísima, para la cual se requiere una base de petrología, geoquímica, mineralogía... pero, básicamente, la distribución de los isótopos de los gases nobles que aparecen dentro del meteorito debe coincidir con la analizada por la sonda Viking en la atmósfera de Marte. Ésta es la prueba más importante.
También se utilizan criterios geoquímicos, que agrupan las rocas en distintas familias diferenciando una roca lunar de una terrestre o de una marciana. De todos modos, sí se puede hacer una primera diferenciación entre los meteoritos asteroidales, que son aquellos de materia muy primitiva (condritas, acondritas, sideritos, siderolitos... ) y, luego, meteoritos de materia más evolucionada (basalto, piroxenita,...). En este último caso, su origen debe ser planetario, para que haya permitido a la materia evolucionar, y los dos mejores candidatos son la Luna y Marte. Actualmente, hay unos 26 meteoritos de la Luna y 26 de Marte que están identificados. También parece haber un meteorito de Venus, pero aún está pendiente de verificación.

¿Existe un riesgo real de que un meteorito llegue a la Tierra?
Por supuesto que existe, sobre todo porque sólo están catalogadas las órbitas de un 20% de los grandes asteroides conocidos. Se desconoce la posición del 80% restante. De ellos, se sabe su existencia porque en el cinturón de asteroides los meteoritos están catalogados por tamaños, pero a muchos no se les ha hecho un seguimiento y se desconoce dónde están.
Esto es como la lotería primitiva, la probabilidad de que te toque es muy baja pero te puede tocar.

Cambiando de tema,¿en qué punto está la investigación sobre la misteriosa caída de bloques de hielo en España?
Después de los fraudes que desnaturalizaron la investigación, y del matiz con que muchos medios de prensa trataron el tema, decidimos centrarnos en el ámbito científico, especialmente el internacional. En el último congreso internacional sobre catástrofes medioambientales celebrado en Londres en 2002, propusimos un nuevo término para explicar este fenómeno, los megacriometeoros, término que fue aceptado.
El término aerolito, utilizado erróneamente, induce a equívoco porque los bloques de hielo se han originado en la atmósfera y, en cambio, los aerolitos son meteoritos rocosos. Hay que descubrir por qué ahora los megacriometeoros se forman con mayor frecuencia que en el pasado, pero su existencia no es reciente, sino que está documentada antes incluso de la existencia de aviones.

¿Qué provoca la formación de megacriometeoros?
Pensamos que están generados por una mezcla de efectos antrópicos y atmosféricos. Los elementos que contribuyen a la formación del hielo y a su posterior crecimiento serían un hundimiento de la Tropopausa (límite entre la troposfera superior y la estratosfera inferior); la entrada de vapor de agua a la estratosfera inferior desde la troposfera superior, (donde es más abundante); la formación de un pequeño agujero de ozono (el vapor de agua rompe esta molécula); y una turbulencia ciclónica, que contribuye a que el bloque siga moviéndose y crezca.
Es un modelo alejado del de la nube, donde la formación de núcleos es homogénea. Los núcleos compiten por el vapor de agua entre sí y, por tanto, se forman muchos que no llegan a crecer demasiado, como si fuera granizo, y caen.
Cuando en la atmósfera hay vapor de agua casi al 100%, y no una nube, la nucleación es heterogénea. Se forman pocos núcleos muy separados entre sí, por lo que no compiten por el vapor de agua. Como si fueran imanes, atraen todo lo que hay a su alrededor y dan lugar a la formación de grandes bloques de hielo. Ésta es nuestra hipótesis.
De momento, somos los únicos que hemos presentado una explicación coherente con los datos existentes. Hace dos meses, en el Boletín de la Sociedad Meteorológica Americana hicieron una referencia positiva a nuestro trabajo y en la revista Science quedó constancia de que, aunque hay controversia, algunos investigadores de la Universidad de Washington o Wisconsin ven plausible lo que proponemos. También hemos publicado varios artículos, por ejemplo en la Academia de Ciencias de Suecia y el Journal of Cromatrography. Los que estén interesados en obtener más información pueden visitar http://tierra.rediris.es/megacryometeors.

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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