Rea, otro viejo mundo de hielo

Ángel Gómez Roldán / 05-05-2006

La extensa familia de satélites de Saturno está dominada por el gigante Titán, un cuerpo mucho mayor que Mercurio. Se diferencia de sus lunas hermanas, prácticamente carentes de atmósfera, no sólo por su gran tamaño sino también por su densa envoltura gaseosa.

Rea es el segundo en dimensiones. Con un diámetro de 1.530 km y una densidad de 1,24 g/cm3, orbita en torno a Saturno sincrónicamente (es decir, le muestra siempre la misma cara). Situada a 527.000 km del planeta, da una vuelta a su alrededor cada cuatro días y medio.

Como es habitual en las lunas heladas del Sistema Solar exterior, su baja densidad (apenas algo mayor que la del agua) indica que se trata de un cuerpo compuesto de un núcleo rocoso (es probable que inferior a la tercera parte de la masa del satélite) y que el resto es mayoritariamente hielo de agua. Se infieren temperaturas superficiales de 174 °C bajo cero en el ecuador a pleno sol, y de menos de 220 °C bajo cero en las zonas en sombra.

Aunque fue de las primeras lunas de Saturno descubiertas por el astrónomo Gian Domenico Cassini en 1672, ha sido 333 años después cuando una nave espacial nombrada en su honor ha efectuado los primeros sobrevuelos cercanos a Rea mostrando en detalle su superficie.

A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, las sondas Voyager 1 y 2 la fotografiaron por vez primera. Revelaron una luna plagada de cráteres erosionados y algunas marcas en forma de líneas brillantes. Gracias a estas primeras observaciones y a las posteriores de Cassini, los planetólogos saben que es bastante similar a Dione, el siguiente satélite en dirección a Saturno.

No sólo son parecidas en tamaño (Dione es apenas unos 400 km más pequeña), sino también en su aspecto geológico. Sus hemisferios anteriores y posteriores sugieren una historia evolutiva paralela. Basándonos en la densidad de cráteres de impacto, en Rea se observan dos áreas geológicamente distintas; una en la que hay cráteres mayores de 40 km de diámetro, y otra, sobre todo en parte de las regiones polares y ecuatoriales, que carece de marcas meteoríticas de ese tamaño, quizás como resultado de un proceso de remodelado de su superficie.

El hemisferio anterior (es decir, el que enseña en el sentido de su movimiento orbital), posee una densidad de cráteres uniforme y un brillo homogéneo. Vistos de cerca (el pasado 26 de noviembre de 2005, Cassini pasó a sólo 500 km de esta luna), estos cráteres tienen un aspecto «blando» y erosionado. Son típicos de los impactos superpuestos sobre el hielo que se ven en otras lunas muy craterizadas como Calisto (en Júpiter).

En cambio, en el hemisferio posterior se observa una menor densidad de cráteres sobre un fondo más oscuro y, lo más destacado, una red de líneas brillantes similares a las de Dione. Al principio se pensaba que estas marcas podrían ser resultado de la expulsión de material del interior tanto de Rea como de Dione por actividad criovolcánica en los inicios, cuando sus interiores helados se encontraban aún parcialmente fundidos.

Desde julio de 2004, en las órbitas realizadas en torno a Saturno, la sonda Cassini se acercó lo bastante a Dione como para observarla en alta resolución. Descubrió que sus marcas eran en realidad fracturas tectónicas, enormes acantilados de hielo que desde lejos parecen brillantes por contraste con la superficie más oscura. La conclusión parecía obvia: si Dione y Rea son tan similares, ¿no pueden ser las marcas de Rea también grandes fallas en vez de material expulsado?

La solución llegó con el sobrevuelo del 17 de enero de 2006, en el que Cassini pudo fotografiar el hemisferio posterior de Rea con la resolución suficiente y un ángulo de iluminación solar adecuado. En efecto, las imágenes preliminares, todavía sin un procesado en detalle, muestran que sus líneas brillantes son también grietas en la corteza de hielo, con taludes verticales muy parecidos a las fracturas de origen presumiblemente tectónico de Dione o de Encelado.

Cada vez parece más claro que las tensiones internas en los satélites de hielo, producidas mayormente por la influencia gravitatoria de sus planetas gigantes, son uno de los factores más relevantes en el modelado de las superficies de estos pequeños mundos congelados y hacen que sus cortezas aparezcan invariablemente agrietadas y deformadas. Los impactos se ven relegados a ser uno más de los agentes que esculpen las superficies de las lunas, y no el único, como muchos pensaban antes de las observaciones de la Cassini.

Esta sonda espacial volverá a sobrevolar Rea a unos 5.000 km de distancia el 30 de agosto de 2007 para de este modo continuar el fascinante rompecabezas de los mundos helados de Saturno.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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