Umbrafilia (o la pasión por la sombra lunar)

Ángel Gómez Roldán / 05-07-2010

«Observar un eclipse total de Sol es un privilegio que tiene muy poca gente. Una vez visto, no obstante, es un fenómeno que no se habrá de olvidar jamás. El cuerpo negro de la Luna sobresaliendo… en siniestro relieve entre el Sol y la Tierra; el repentino y brillante resplandor de la perlada corona, imposible de observar en ningún otro momento; las protuberancias escarlatas elevándose desde la superficie del Sol oculto hasta alturas de muchos miles de millas; la desacostumbrada presencia de las estrellas más brillantes y los planetas durante el día; la oscuridad del crepúsculo, y la brisa extraña en el aire. Hay algo en todo esto que afecta incluso a los nervios más templados, y es casi con un suspiro de alivio que saludamos el regreso del amistoso Sol.»

Isabel M. Lewis, 1924
A Handbook of Solar Eclipses

Isabel Martin Lewis (1881-1955?) fue una astrónoma americana que trabajó en el Observatorio Naval de los Estados Unidos, la primera mujer que se incorporó a esta acreditada institución como astrónoma ayudante en el año 1908. Activa divulgadora de la Astronomía con libros muy populares como Splendors of the Sky (Maravillas del cielo) o Astronomy for Young Folks (Astronomía para chicos jóvenes), escritos en 1919 y 1922, respectivamente, en 1924 publicó A Handbook of Solar Eclipses (Manual sobre los eclipses de Sol). Este manual, del cual se ha extraído el párrafo que abre este artículo, se centra en los fenómenos que acompañan a un eclipse solar, y aún hoy en día es de utilidad. El primer capítulo y medio estaba dedicado a dos importantes eclipses totales de Sol que tendrían lugar en enero de 1925 –sobre la misma ciudad de Nueva York– y, en junio de 1927, sobre el Reino Unido y los países nórdicos.

Isabel Lewis se especializó en los eclipses de Sol. Desarrolló, entre otras aportaciones, un nuevo método, más preciso y menos tedioso de computar que los anteriores, para calcular los límites norte y sur de la banda de visibilidad de un eclipse. En aquellos días se necesitaban de noventa a ciento veinte horas de un trabajo muy preciso para calcular un eclipse total, una ardua labor que Mrs. Lewis consideraba como un privilegio en lo que es un claro testimonio de la devoción que mostraba por esta tarea. En 1936 y 1937 formó parte de las expediciones para estudiar los eclipses totales de Sol en Rusia y Perú del Observatorio Naval, del cual era astrónoma de plantilla desde 1930.

Esta pasión por los eclipses la combinaba con su interés por enseñar al gran público, y en especial a los niños, las maravillas del Universo. Prolífica escritora de artículos en prensa, durante treinta años tuvo una sección mensual en la prestigiosa revista Nature, y colaboró con programas de radio. Al mismo tiempo realizaba frecuentes viajes a colegios e iglesias para impartir charlas de astronomía para niños. Todo ello en una época en la que las mujeres jugaban un papel muy poco destacado en la ciencia y la sociedad en general. Isabel estaba a favor del sufragio femenino, disfrutaba de deportes como la natación, el tenis o el patinaje, y se opuso firmemente a la experimentación científica con animales.

Sin duda, fue una de las primeras umbráfilas de la primera mitad del siglo XX. La denominación umbráfila o umbráfilo, aunque no existe como tal en castellano, proviene de la palabra inglesa umbraphile y ésta a su vez del griego: umbra, la parte más densa de la sombra lunar en un eclipse total de Sol, y filia, afición o simpatía por algo. Así, umbráfilo es la denominación que suelen escoger todos aquellos que persiguen los eclipses totales de Sol allá donde se produzcan. Como es sabido, este fenómeno se debe a la alineación de Sol, la Luna y la Tierra de tal manera que nuestro satélite oculta por entero el disco solar proyectando sobre la superficie terrestre una sombra que avanza a gran velocidad debido a los movimientos de ambos cuerpos. Por las casualidades de la mecánica celeste, aunque el Sol es cuatrocientas veces más grande que la Luna en diámetro, ésta se encuentra cuatrocientas veces más cerca de nosotros por lo que sus tamaños aparentes en el cielo son prácticamente idénticos. Debido a ello, cuando en un eclipse la Luna pasa por delante del Sol el cegador brillo de la superficie visible de la estrella desaparece y surge en todo su esplendor la tenue luminosidad de la atmósfera exterior solar, la corona, que es observable únicamente a simple vista en los pocos minutos que la Luna oculta por completo al Sol.

Precisamente por estos breves y mágicos instantes de la llamada totalidad que tan magníficamente describe Isabel Lewis en la cita que encabeza este texto, miles y miles de umbráfilos de todo el mundo se desplazan cada año a los lugares donde es visible un eclipse total de Sol. El cono de la sombra central de la Luna es muy pequeño, de apenas unos centenares de kilómetros, lo que hace que la trayectoria de la sombra en la superficie terrestre sea una estrecha y alargada cinta, la denominada banda de totalidad, que recorre miles de kilómetros en pocas horas. Estadísticamente tienen que pasar cientos de años para que la umbra de un eclipse total solar toque dos veces el mismo lugar de nuestro planeta. La dificultad añadida de tener que viajar ex profeso allí donde va a transcurrir esa banda de totalidad convierte a los umbráfilos en una especie nómada.

La cita de este año 2010 del Sol, la Luna y la Tierra es el próximo 11 de julio. El recorrido de la sombra lunar será casi en su totalidad sobre el Océano Pacífico y uno de los escasos lugares en los que tocará tierra será la mítica Isla de Pascua, además de algunos diminutos atolones de la Polinesia francesa y, coincidiendo con la puesta de Sol, la Patagonia. Como es evidente, los umbráfilos no van a desaprovechar la oportunidad de recorrer medio mundo en busca de su dosis de totalidad. En esta ocasión, y dado el pequeñísimo porcentaje de tierra emergida donde se verá, no será ni mucho menos un eclipse tan multitudinario como el de China el pasado año 2009 en el que millones de personas pudieron disfrutar del espectáculo celeste. El difícil acceso, el escaso alojamiento y lo aislado de las islas por las que transcurrirá convierten al total de 2010 en uno de los eclipses más complicados de los últimos años, aunque el atractivo de presenciarlo al lado de los enigmáticos moais de la Isla de Pascua lo han convertido igualmente en uno de los más demandados.

Hoy en día, seguro que Isabel Lewis estaría bajo la sombra de la Luna en alguna playa de la Isla de Pascua el próximo 11 de julio. Los que tendremos el privilegio de hacerlo la recordaremos cuando veamos, como ella decía, "el repentino y brillante resplandor de la perlada corona".

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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