Mercurio no eclipsa al Sol

Annia Domènech / 07-05-2003

El Sol es una estrella como tantas otras del Universo. Nueve planetas giran a su alrededor constantemente siguiendo nueve órbitas distintas. Sus caminos no se cruzan nunca, saben mantener las distancias. El orden tampoco varía: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, siempre recitados en letanía, uno tras otro.

Cada planeta sigue una órbita diferente determinada por un acuerdo personal con el Sol (y con sus compañeros) basado en la fuerza gravitatoria, que aumenta cuanto más masivos son y más cerca están del astro. Por suerte, existe otra fuerza dando vueltas por allí que contrarresta la gravitatoria. Es la fuerza centrífuga, generada por el movimiento orbital de los componentes del Sistema Solar que, si se pararan de golpe, “caerían” inevitablemente hacia su centro, es decir hacia el Sol.

Como en cualquier lugar, la visión de este pequeño mundo de mundos varía según la perspectiva. Desde Plutón hay ocho planetas que pueden entremeterse entre el Sol y él; desde Neptuno, siete; desde Urano, seis; desde Saturno, cinco; desde Júpiter, cuatro; desde Marte, tres; y desde la Tierra, dos: Mercurio y Venus.

Cada vez que un planeta se entromete (perdón, entremete) se habla de tránsito. Estando en la Tierra sólo se puede ver el paso de los dos planetas interiores, Mercurio y Venus. Y esto gracias a que sus órbitas se sitúan más o menos en la eclíptica, que es el plano definido por el camino que sigue la Tierra alrededor del Sol.

Hoy le ha tocado el turno a Mercurio. Este planeta, el segundo más pequeño del Sistema Solar tiene una órbita de 88 días y pasa cada tres meses entre la Tierra y el Sol. Sin embargo, la inclinación de su órbita respecto a la nuestra determina que sólo sea visible cuando las dos se alinean, siempre en mayo o noviembre (en los otros encuentros, Mercurio se sitúa por encima o por debajo del disco solar). Ello ocurre cada siete u ocho años. Si la posición de ambos planetas fuera en el mismo plano, cada vez que estuvieran en la dirección del Sol habría un tránsito.

En España, donde se ha visto este tránsito completo desde las islas Baleares y la mitad oriental de la Península, su comienzo ha coincidido prácticamente con la salida del Sol (a las 7.12 de la mañana, una hora antes en Canarias, donde todavía no había amanecido). Su duración ha sido de unas cinco horas y veinte minutos, hasta las 12.31.

Mercurio tiene un diámetro tres veces inferior al de la Tierra. Es difícil encontrarlo en el disco solar, puesto que desde nuestro planeta su diámetro aparece unas 150 veces inferior al del Sol. Se necesita un telescopio y, además, una superficie sobre la que proyectar la imagen y verla. Jamás se debe observar el Sol con el ojo desnudo ni por el ocular de un telescopio sin filtros protectores, puesto que existe un riesgo real de ceguera. Lo más sencillo es conectarse a una de las numerosas páginas web que transmiten este acontecimiento, como la del Telescopio Solar Sueco, que está ubicado en el Observatorio del Roque de los Muchachos (La Palma); o la del experimento GONG, uno de cuyos instrumentos se encuentra en el Observatorio del Teide (Tenerife).

Dada su poca espectacularidad visual, seguramente los tránsitos de Mercurio y Venus no han protagonizado tantas historias como los eclipses que, sin embargo, son un fenómeno parecido. Un eclipse es la ocultación del Sol por un cuerpo celeste. Desde la Tierra, cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol tapando parte o todo el disco solar, el eclipse es solar. Cuando es la Tierra la que se sitúa entre el Sol y la Luna proyectando su sombra sobre ésta, el eclipse es lunar. Según el tamaño del cuerpo y la distancia al observador, el eclipse es total o no. Por ejemplo, un eclipse de Sol es anular (se ve un círculo de luz alrededor) cuando la Luna está demasiado lejos de la Tierra para ocultar al astro completamente. Si Mercurio fuera mayor o estuviera más cercano a la Tierra podría eclipsar al Sol, pero en su caso se trata de un intento no conseguido.

Venus, el otro planeta interior del Sistema Solar, se aprecia desde la Tierra “sólo” 30 veces más pequeño que el Sol, por lo que podría verse sin la ayuda de instrumentos fijándose mucho (siempre con protección). El próximo tránsito de Venus tendrá lugar el 8 de junio de 2004, una fecha muy esperada puesto que este planeta únicamente se digna a pasearse por la superficie del Sol un par de veces por siglo.

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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