Leyendo ciencia en... El dedo de Galileo

Annia Domènech / 07-05-2004

Peter Atkins
Espasa Calpe
Madrid 2003

El hombre suele contar de diez en diez porque tiene, precisamente, diez dedos en las manos, aunque algunas culturas se hayan complicado un poco más la suma. En latín y francés se encuentran restos del conteo en base 20 (undeviginti 19=20-1 o quatre-vingts 4x20=80); y parece ser que en Babilonia se atrevían con el 60. Si utilizaban también los pies o se reunían para ello, es algo que no puntualiza Peter Atkins en El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia.

Un poco mezquinamente, uno puede preguntarse por qué Atkins, catedrático de Química de la Universidad de Oxford, ha escogido diez ideas y no una docena, que es una cantidad que también se utiliza habitualmente, por ejemplo en la compra del mercado. Quizás porque también está influido por la cultura del número 10 o quizás sí se trata del número exacto de tópicos de los que quería hablar en El dedo de Galileo. Por capítulos, desfilan la evolución, el ADN, la energía, la entropía, los átomos, la simetría, los cuantos, la cosmología, el espacio-tiempo y la aritmética.

Atkins justifica su elección (entiende que puede haber otras) puesto que opina que son las ideas que proyectan más “luz”. No necesariamente coinciden con las que se materializan en aplicaciones. Dar más importancia al saber en sí que a su vertiente práctica tiene algo de quijotesco. Esto se percibe a lo largo del libro, en el cual hay un reconocimiento a los hombres equivocados que han contribuido con sus ideas erróneas al avance de la ciencia. Probablemente el más recordado es Aristóteles, muy fértil intelectualmente pero también muy desencaminado. Su gran influencia ha confundido durante siglos a los científicos. Atkins le critica por haber desarrollado teorías basándose única, o principalmente, en la especulación.

El pasado y el presente del conocimiento se dan la mano en El dedo de Galileo. Por ejemplo, en el marco de la evolución el lector entabla conocimiento con Darwin, pero también con los equivocados Empédocles y Lamarck. Asimismo, cuando se habla de átomos uno se encuentra por supuesto con Niels Bohr, pero también con Tales de Mileto, quien defendía que todo era agua. Se trata de un recorrido salpicado de nombres y anécdotas, pero empapado de ciencia. Una ciencia que no siempre es de fácil comprensión, ni mucho menos. Hay que realizar un esfuerzo para asimilarla, en algunos capítulos más que en otros, no es lo mismo leer sobre evolución o DNA que sobre cuantos o el espacio-tiempo. Comprender bien el libro de Atkins requiere un conocimiento científico básico.

La mezcolanza de teorías falseadas (las del pasado), teorías aceptadas (hasta que se demuestre lo contrario) y las pequeñas miserias y alegrías de la vida de los científicos, hace que sea entretenido. Por si ello no fuera suficiente, el escritor nos permite magnánimamente saltarnos algunos trozos cuando se vuelve demasiado complejo, e incluso indica dónde podemos recomenzar la lectura para no perder el hilo. Pese a ello, no es recomendable leer el libro de un tirón, sino que es mejor digerirlo a trozos. Por suerte, los capítulos son apartados independientes y existe un índice al final que permite consultarlo esporádicamente para una cuestión concreta, así como un listado de lecturas recomendadas.

Atkins explica que, cuando es una larva móvil, Ciona intestinales piensa para poder cazar. Una vez instalada y disfrutando de una vida sedentaria, ya no necesita el cerebro para nada, así que se lo come, puesto que además consume mucha energía.

Se desaconseja a los admiradores de este curioso animal leer El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia. Obliga a pensar.

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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