Ver o no ver el tránsito de Venus

Annia Domènech / 07-06-2004

Se trata de la cuestión del momento. Tras más de un siglo sin pasearse por delante del Sol, mañana Venus será un discreto punto cruzando la estrella. Sin embargo, que a nadie se le ocurra observarlo sin la protección adecuada: podría quedarse ciego.

El acontecimiento, por si hay quien todavía no se ha enterado (y eso que la prensa dedicada a la divulgación científica se ha encargado de ponerlo de actualidad), tendrá lugar de las 7.20 a las 13.24 (hora peninsular española, una menos en Canarias), mañana día 8 de junio. De hecho, se podrá ver desde Europa, África y parte de Asia. Por tanto, será observado por mucha gente, aunque hoy en día no tiene la importancia de antaño, cuando se utilizaban los tránsitos para intentar medir la escala del Sistema Solar, en particular para estimar la distancia media entre la Tierra y el Sol. En el siglo XVIII era la pregunta científica del momento y provocó la rivalidad entre países, encabezada por Francia e Inglaterra, que utilizaban cualquier excusa para medir sus fuerzas en mitad de la Guerra de los Siete Años.

Precisamente es un francés quien ha perseguido el tránsito de Venus del modo más tenaz (hasta el momento). Guillaume Le Gentil de la Galaziere, tan noble como su nombre indica, es conocido por un increíble viaje, que se alargó durante once años, y que le hace merecedor de ser el protagonista de un libro. En efecto, él escribió uno, en el que relató su odisea.

Le Gentil se embarcó en marzo de 1760 para observar el evento astronómico desde Pondicherry, una colonia francesa situada en la India. Mientras estaba de viaje, pasó a ser inglesa. Esto, junto con otras desventuras, conllevó que Le Gentil se encontrara, para su desgracia, en alta mar el esperado día, por lo que no pudo realizar ninguna observación válida. Sin embargo, y de ahí la tenacidad que se le atribuye, decidió esperar ocho años hasta que tuviera lugar el siguiente para poder realizar sus mediciones.

Los tránsitos ocurren cuando uno de los planetas interiores, sea Mercurio o Venus, se interponen entre la Tierra y el Sol. En realidad, se trata de un fenómeno difícil de ver con claridad salvo con un telescopio. Son más frecuentes en el caso de Mercurio (cada unos ocho años) que en el de Venus, que puede tardar en “meterse en medio” ocho años o más de un siglo. Esto es así debido a que las órbitas de ambos planetas tienen inclinaciones ligeramente distintas respecto a la terrestre.

Ocho años es, por tanto, y aunque pudiera parecerle increíble a Le Gentil, un período corto, ya que, como se ha mencionado, pueden pasar más de cien entre un tránsito de Venus y el siguiente. El porqué de esta periodicidad radica en la naturaleza del fenómeno. En principio, teniendo en cuenta las órbitas relativas de la Tierra y Venus, uno esperaría que el segundo “alcanzara” a la Tierra cada dos años, más o menos, ya que es más veloz, por algo “corre” por el carril de dentro. Sin embargo, los tránsitos son fenómenos menos habituales porque la órbita de Venus está inclinada respecto a la de la Tierra, así que el Sol, Venus y la Tierra no se ponen en fila con frecuencia, lo que lo convierte en un fenómeno altamente apreciado por los amantes de las efemérides.

El siguiente tránsito tendrá lugar en junio de 2012 (sí, ocho años más tarde): cuando la Tierra gira ocho veces alrededor del Sol, Venus da casi trece vueltas, por lo que ambos regresan a una posición parecida, aunque no exacta. Por esto Venus no se pasea frente al Sol siempre cada este tiempo: para el siguiente del siguiente, ya no estaremos en este mundo, será en el próximo siglo.

Aunque ya no protagonicen rivalidades entre países, todavía los tránsitos tienen su utilidad científica en relación con los planetas extrasolares. Como permiten medir la fluctuación de la energía solar causada por el paso de un cuerpo por delante de la superficie del Sol, ayudan a estimar lo que debe ocurrir cuanto un planeta de dimensiones terrestres transita por delante de otra estrella parecida a la nuestra.

Hasta ahora hay, al menos, dos tránsitos observados y confirmados de un planeta orbitando alrededor de una estrella distinta del Sol, pero se trata de planetas gigantes (del estilo de los más grandes del Sistema Solar). En este campo, el reto para la astrofísica contemporánea radica en hallar planetas similares a la Tierra alrededor de otras estrellas mediante la observación de tránsitos de los mismos delante de la superficie estelar.

A pesar de su empeño, Le Gentil no pudo ver el paso de Venus frente al Sol: ese día el cielo estaba cubierto. Esperemos que mañana no ocurra lo mismo. Sin embargo, hay que recordar que no se debe mirar nunca directamente al Sol sin una protección adecuada, puesto que podría provocar ceguera total en segundos, y jamás hacerlo a través de un telescopio o cualquier instrumento óptico sin los filtros indicados.

Como del tránsito de Venus hay muchísima información y varias iniciativas para observarlo on-line lo mejor es navegar por la red. ¡Quién se lo hubiera dicho a Le Gentil!

Comentarios (0)

Compartir:

Multimedia

El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

Ver todos los artículos de Annia Domènech

Glosario

  • Sistema Solar
  • Sol
  • Planetas
  • Telescopio
  • Mercurio

Otros artículos