La ilusión del tamaño de la Luna

Carlos J. Álvarez Glez. / 10-03-2004

Las ilusiones perceptivas son conocidas y estudiadas desde el siglo XIX, cuando la investigación de los procesos sensoriales y perceptivos dio lugar al nacimiento de la Psicología como ciencia, fruto del matrimonio entre la filosofía de la mente y la fisiología. Los psicofísicos, como Weber y Fechner, buscaban medir cuantitativamente lo mental, representado por los procesos sensoriales; y establecer un puente entre lo físico y lo psicológico. Con ello, intentaban superar el viejo dualismo cuerpo-mente. De hecho, establecieron leyes y fórmulas matemáticas que indicaban cuánto debía aumentar o disminuir una magnitud física concreta (por ejemplo, el peso de un objeto) para que una persona notara el cambio en la sensación que le producía.

Wundt, fundador en Leipzig del primer laboratorio de Psicología, también estudió los procesos psicofísicos; e investigadores como Helmholtz y Hering se basaron para proponer sus teorías sobre la percepción del color en algunos efectos ilusorios experimentados por las personas estudiadas, como los postefectos, que consisten en continuar percibiendo una imagen inexistente tras haber observado un determinado estímulo durante un tiempo. Desde entonces, los psicólogos han generado muchas ilusiones ópticas artificiales para estudiar la percepción en contextos controlados. Sin embargo, las ilusiones se producen también en la vida real con bastante frecuencia.

Quizás la más espectacular de estas ilusiones “cotidianas” es la del tamaño de la Luna, que parece mucho más grande en el horizonte que cuando está arriba en el cenit, a pesar de que ópticamente en la retina su tamaño es el mismo. Desde hace más de un siglo, esta ilusión ha sido motivo de estudio y son muchos los experimentos realizados por psicólogos con objeto de esclarecerla. Desgraciadamente, aunque se han propuesto varias explicaciones ninguna es totalmente satisfactoria.

La teoría clásica de la distancia aparente está basada en las claves que nuestro cerebro utiliza para la percepción de la profundidad. Cuando miramos al horizonte, éste parece más lejano que un objeto elevado en el cielo porque vemos “terreno”, lo que automáticamente hace funcionar estas claves, utilizadas habitualmente para procesar la tercera dimensión (gradiente de textura, tamaño de los objetos, etc.). Cuando la Luna está arriba, no hay elementos que permitan aplicar estas “pistas”. Dicho de otro modo, nuestro satélite es procesado como más lejano en el horizonte que en el cenit debido al fenómeno conocido como constancia del tamaño.

Este concepto puede ilustrarse con la ilusión de Ponzo, en la cual la línea de arriba parece mayor que la de abajo siendo iguales. Esto es debido a que las dos líneas oblicuas hacen que el cerebro aplique una de las claves de la profundidad, la perspectiva lineal, “entendiendo” que la línea de abajo está más cerca. Al ser líneas iguales, se percibe la de arriba como mayor.



Ilusión de Ponzo



Algunos experimentos demuestran que cuando se debilitan las claves de profundidad mediante manipulaciones experimentales, la ilusión desaparece; por ejemplo, si se impide que los sujetos vean el terreno haciendo que miren la Luna a través de un orificio. Además, generando lunas artificiales y empleado varios horizontes (uno a 3 Km, otro a 600 metros...) sistemáticamente se percibe la Luna más grande sobre el horizonte más lejano (Goldstein, 1993).

Esta ilusión también ocurre en fotografía, aunque disminuye con una foto al revés puesto que se trata de una percepción poco usual en la cual el cerebro no puede utilizar las claves de profundidad habituales. La teoría del tamaño aparente defiende que el ángulo visual en las dos posiciones lunares comentadas es igual y que, por tanto, la explicación es que entre dos objetos con el mismo ángulo visual y el mismo tamaño real, se ve más grande el que parece estar más alejado.

Sin embargo, a pesar de que ésta es la explicación que aparece por defecto en las páginas web de divulgación astronómica o psicológica, e incluso en manuales de psicología, no da cuenta de algunos resultados obtenidos en la investigación. Como argumenta Don McCready, profesor de psicología de la Universidad de Wisconsin-Whitewater, uno de los problemas que no soluciona es que sólo el 5% de la gente percibe la Luna en el horizonte “más grande y más lejos”. El 90 % afirma que la ve “más grande pero más cerca” o “más grande e igual de cerca” que cuando está en el cenit, en clara contradicción con la teoría expuesta. Es la denominada paradoja tamaño-distancia.

Por esta razón, se ha propuesto la teoría del contraste del tamaño angular. Según ella, la ilusión se explicaría por el tamaño del ángulo visual comparado con los objetos circundantes, más que por variables relacionadas con la profundidad percibida. En el cenit, la Luna está rodeada por una enorme cantidad de cielo. En cambio, cuando está en el horizonte hay menos cielo y por esto parece mayor. Pero la teoría no explica por qué determinados trabajos que han medido efectos de contraste del tamaño de ángulos han encontrado que las diferencias son demasiado pequeñas para que puedan contribuir significativamente a la ilusión.

Una de las últimas propuestas es la teoría del tamaño angular (ver, por ejemplo, McCready, 1999), que defiende que los cambios en los patrones que aportan las claves de profundidad producen variaciones en los mecanismos de enfoque y convergencia de los ojos y éstos, a su vez, modifican el tamaño del ángulo percibido. Esta teoría se basa en un tipo de ilusión concreto, investigado desde hace tiempo: la micropsia oculomotora. Consiste en que determinadas variaciones en la actividad de los músculos oculares provocan que un objeto parezca más pequeño de lo que realmente es. Por ejemplo, el ángulo de un objeto de un tamaño determinado parecerá más pequeño cuando los ojos se enfocan y convergen a una distancia menor que la existente hasta dicho objeto. Si lo hacen a una distancia mayor, el objeto parecerá más grande (macropsia oculomotora).

Las claves de profundidad y distancia son las responsables de la micropsia y la macropsia las cuales, combinadas, explicarían la ilusión de la Luna, idea apoyada por investigaciones recientes. Por ejemplo, cuando se observa la Luna sobre un paisaje, el terreno aporta claves o pistas de la lejanía de los objetos en el horizonte (teoría de la distancia aparente). Esto provoca que nuestro cerebro ajuste los ojos para una gran distancia, induciendo de esta forma una macropsia para la Luna en el horizonte.

Por último, otros autores plantean una teoría multifactorial en la que la interacción de múltiples factores explicaría la ilusión de la Luna (Plug y Ross, 1994). A los ya mencionados en las distintas hipótesis, añade otros factores como la perspectiva atmosférica (por la que los objetos distantes se ven menos definidos) y el color (el rojo incrementa el tamaño percibido). Pese a que esta teoría es quizás demasiado ecléctica, los datos disponibles y la explicación parcial aportada por las hipótesis anteriores sugieren que esto es lo que podría estar ocurriendo. El paso siguiente consistiría en generar un modelo en el cual se cuantifique el peso de cada uno de los factores en provocar la ilusión del tamaño de la Luna.


Carlos J. Álvarez Glez es Profesor Titular de Psicología Cognitiva en la Universidad de La Laguna.



·Referencias:

Goldstein, E.B. (1993) Sensation and Perception. Belmont, California: Wadsworth [trad. Española en Ed. Debate, Madrid]

McCready, D. (1999) The Moon Illusion Explained
http://facstaff.uww.edu/mccreadd/
Revisado en diciembre de 2002

Plug, C., y Ross, H. E. (1994). The natural moon illusion: A multifactor angular account. Perception, 23,321-333.

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El autor

Carlos J. Álvarez Glez. es Doctor en Psicología y Profesor Titular de Psicología Cognitiva en la Universidad de La Laguna.

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