Lo relativo de la teoría de la Relatividad

Lara Sot / 10-08-2002

En el Diccionario de la Real Academia Española la palabra relativo/a tiene varias acepciones:

1. Que hace relación a una persona o cosa.
2. Que no es absoluto.
3. No mucho, en poca cantidad o intensidad.

Lo relativo de la Teoría de la Relatividad se refiere sólo a una de estas definiciones.
¿A cuál?

En el vasto mundo de la ciencia, hay algunos personajes y teorías más familiares que otros, aunque sólo pocos no iniciados sean capaces de explicar, con conocimiento de causa, quién hizo qué y qué fue lo que hizo. Galileo no fue quemado en la hoguera por la Iglesia, aunque muchos pondrían la mano en el fuego por tal afirmación. Probablemente la gravedad no se introdujo en la cabeza de Newton con un golpe de manzana. Tampoco Einstein estaba siempre sacando la lengua con el pelo alborotado ni su teoría de la relatividad fue la primera ni....

La relatividad formulada por Einstein es conocida de nombre por muchos pero entendida por muy pocos. Estos, además, son tan precisos en sus manifestaciones que para un profano el asunto se vuelve incluso más complejo de lo supuesto al principio, que no es poco. Simplificar una explicación para que sea más asequible comporta una pérdida de precisión que pocos científicos están dispuestos a ratificar con su firma. Por ello, Caos ha decidido exponer algunas ideas relativistas y esperar que algún alma caritativa nos envíe su versión de los hechos.

Un principio de relatividad busca que las leyes de la física sean válidas en cualquier lugar. Para ello, se deben establecer una serie de condiciones comunes, como si se tratara de un escenario con unos decorados preestablecidos. Esto permite, por ejemplo, que las medidas tomadas por un excursionista que ya ha llegado a la cima de una montaña puedan ponerse en relación con las de un amigo suyo que, cansado, sube en el teleférico. De relacionar datos obtenidos en sitios distintos viene el uso de la palabra relatividad.

En el escenario del que hablábamos, la luz no puede viajar a velocidades superiores a 300.000 km/s y, como su valor es constante, la cercanía o lejanía de quien observa el suceso, si está quieto o en movimiento y, en este último caso, si se acerca o se aleja, determinarán cuándo y cómo lo percibe. En este aspecto, el movimiento y el tiempo sí serían relativos. Las leyes de la física son absolutas; sin embargo, aplicadas en sistemas de referencia diferentes pueden dar resultados aparentemente contradictorios. Un sistema de referencia es el marco en el que ocurre el suceso. Por ejemplo, si tenemos un tren en movimiento, éste será el entorno de referencia para los pasajeros. En cambio, un individuo que pasea por el andén tiene una percepción diferente de lo que ocurre en el interior de un vagón.

Previamente a la teoría de la relatividad restringida de Einstein se pensaba que el tiempo transcurría de la misma forma en cualquier rincón del Universo, independientemente del movimiento o ubicación del observador. Pero el tiempo a velocidades elevadas se dilata. Si se trata de un viaje en coche, la ganancia de tiempo es tan nimia que no se percibe, pero si el vehículo fuera a una velocidad cercana a la de la luz, viajar continuamente sería un modo de mantenerse más joven respecto a los demás, aunque para todos, en sus entornos respectivos, el tiempo ande igual de rápido. En la película El planeta de los simios, los protagonistas humanos llegan a un planeta desconocido que resulta ser la Tierra. Su viaje espacial a velocidades elevadas conlleva que el tiempo haya pasado más lentamente para ellos que para los habitantes del Planeta Azul. Por tanto, no sólo han envejecido menos, sino que el mundo que ellos conocían ha tenido tiempo de desaparecer casi por completo y los monos se han convertido en la especie hegemónica.

Estas divagaciones no son sólo palabrería. Se ha comprobado experimentalmente que un reloj que viaja en un avión atrasa respecto a su homólogo que se queda en Tierra. Por supuesto, la diferencia es tan pequeña que se tuvieron que utilizar relojes de alta precisión para medirla. Si no fuera así, los grandes viajeros sobrevivirían a sus congéneres, siempre que no se cayera el avión, claro.

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El autor

Lara Sot es Licenciada en Imaginación y Otras Fantasías

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