Entrevista a César Portela

"Deberíamos copiar la complejidad y la sencillez del Universo"

Iván Jiménez Montalvo / 10-08-2007

César Portela estudió en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y Barcelona. Fue Premio Nacional de Arquitectura Española, en 1999, por el edificio de la Estación de Autobuses de Córdoba. Ocupa la Cátedra de Proyectos Arquitectónicos de la E.T.S de A Coruña. Esta entrevista fue realizada en el marco de la conferencia internacional Starlight 2007.


¿Qué debería copiar nuestra arquitectura y el urbanismo de la arquitectura celeste del Universo?
Muchas cosas: la naturalidad, la verdad, la eficiencia. El Universo es una fuente inagotable de inspiración; deberíamos copiar su complejidad y al mismo tiempo su sencillez. Las cosas sencillas no significan que sean simples. El Universo es sencillo pero complejo al mismo tiempo.

En muchas culturas de la antigüedad la arquitectura estaba influenciada por el cielo estrellado. ¿En que momento y por qué la arquitectura se aleja de la astronomía?
El avance en otros campos de la tecnología nos distrajo de cosas fundamentales. En el camino los arquitectos perdimos de vista algo tan esencial como el tratamiento natural de la calefacción y la refrigeración de los edificios, y el contacto con la luz natural y de las estrellas. En el caso de la iluminación, arquitectura y luz han ido siempre de la mano a lo largo de la historia y es un factor esencial en la configuración del espacio arquitectónico. La luz sirve para iluminar los objetos que nos rodean y a nosotros mismos. Le Corbusier decía que la arquitectura es un juego de formas, de volúmenes y de texturas bajo la luz. Los arquitectos jugamos con la luz, aunque tal vez sea la luz la que juegue con nosotros.

¿Estamos actualmente iluminando bien?
Un amigo director de cine decía que en una película era casi tan importante el iluminador como los actores: no hay nada peor que un gesto mal iluminado. El manejo de la luz artificial es fundamental. En el campo de la arquitectura muchas veces se cambió la calidad de la luz por la intensidad. Fue un pretendido logro de este mundo desarrollista en el que estamos viviendo donde importa más el crecimiento que la calidad. En la arquitectura actual echo en falta la investigación y el matiz en conseguir iluminaciones de calidad.

De hecho, hemos condenado a la naturaleza al insomnio. ¿Cómo puede la arquitectura recuperar la mirada al cielo?
Yo recuerdo una noche en el patio de La Alhambra donde la arquitectura y la luz de las estrellas me provocaron una sensación inolvidable. Ese recogimiento que uno tiene cuando la luz desciende y se une el silencio y la noche estrellada es fundamental de recuperar. Es casi imposible recordar historias de amor en la literatura que no se produzcan bajo el efecto de la luz de las estrellas. Son momentos en los que la oscuridad y la contemplación extreman las emociones.

Tú propones una transformación positiva del territorio en cuanto dialogo con el paisaje y con la conciencia o la herencia cultural del lugar. ¿Cómo consigues un compromiso viable entre lo técnico y el paisaje?
No sintiéndome prepotente y tendiendo siempre en cuenta dónde sitúo mi arquitectura y para qué gente es esa arquitectura, intentando lograr a su vez la mayor belleza posible. Yo creo que hacer algo bello cuesta igual que hacer una cosa fea y mala. Cuando pintas una casa, cuesta igual el kilo de color acertado que el kilo de color desacertado. Y esa es la labor y el reto del arquitecto, hacer algo bueno con el mismo dinero con el que se hace algo malo. La arquitectura es un arte no ensimismado en el que no te puedes permitir ciertos lujos, como sí ocurre en otro tipo de artes. En un poema o en un cuadro puedes hacer lo que quieras, en la arquitectura no, es parte de una necesidad y no del lucimiento personal. La arquitectura te obliga en cuanto sueñas un espacio a pegar un salto y apoyar los pies en el suelo. Desde el principio tienes que compaginar sueño con realidad.

En arquitectura, ¿se confunde a menudo naturaleza con paisaje?
Una cosa es la imagen que uno tiene del lugar y otra cosa es el lugar. La Naturaleza es el sitio; el paisaje es la conciencia o la percepción que uno hace de lo natural. Por eso cuando mil pintores pintan el mismo paisaje lo pintan de manera diferente. El paisaje es más subjetivo, en cambio, la naturaleza se puede objetivar. Un análisis científico te dice que hay una roca, pero cuando yo lo interpreto y lo pinto a mi me dice una cosa y a ti otra. La arquitectura es artificio, pero el artificio no tiene porque llevarse mal con la naturaleza. La buena arquitectura se lleva muy bien con la naturaleza y no pretende ser mimética. Antes de existir Venecia cualquiera hubiera dicho que no se podía construir allí, en cambio, hoy tenemos una maravilla. Lo que diferencia el disparate o la barbarie del arte es la calidad. La arquitectura, si es buena, no tiene porque avergonzarse de ser artificio. Lo mismo le pasa al hombre, no debe avergonzarse de ser racional, pero sí cuando emplea esa racionalidad en contra de sí mismo.

Usar la energía de manera más eficiente, ahorra costes, aumenta la productividad y beneficia el medio ambiente. Si son todas ventajas, ¿por qué cuesta tanto cambiar esta situación de incremento insostenible?
Porque hay intereses claros. Hay empresas que venden kilovatios como hay empresas que venden armas. Las guerras no se acaban cuando todos sabemos que son malas para quienes las pierden y para quienes las ganan.

Derrochar es barato, entonces.
Era más barato como se hacía antes cuando en las zonas de calor se organizaban lugares de fresco como el patio interior que provocaba corrientes y te evitabas refrigeración, o el espacio del fuego donde te calentabas y no necesitabas calefacción. Yo creo que hoy en día esos edificios de cristal en lugares tropicales es otro insulto a la razón, porque requiere una cantidad de energía que es un disparate. Y lo mismo ocurre en zonas de frío en las que es necesario compensar la temperatura con un gasto energético desaforado. Yo creo que la buena arquitectura, además de ser bonita, tiene que ser útil, barata y económica. Hacer más con menos es un logro al que debemos aspirar todos los arquitectos.

En una sociedad del beneficio inmediato, basada en el consumo y el derecho al derroche, ¿es posible un crecimiento sostenible?
Tiene que serlo. Si se acaba, se acaba para todos. Hay gente tan insensata que se cree que esto es eterno, pero en realidad somos muy frágiles. La mayor parte de esa gente que promueve el desarrollo incontrolado está esquizofrénica. En el fondo es miedo y eso es muy peligroso. En las cuestiones de interés general no debería permitirse que la iniciativa pública pueda alcanzar esos límites de locura. Parece que los beneficios son una conquista, un logro; a mi me parece un insulto para la humanidad. El crecimiento sostenible o es posible o acabaremos con nosotros mismos. Si nos queremos suicidar, allá nosotros; yo desde luego no quiero.

¿Qué le espera al hombre de esta situación? ¿Eres optimista con el futuro?
Decía un escritor francés "el futuro será diferente o no será". Eso vale para el momento que estamos viviendo. Tenemos que dar un cambiazo o no hay futuro. La Tierra y sus recursos son limitados, pero la estupidez humana no tiene límites. Por ejemplo, hoy en día se habla de turismo espacial, algo que cuesta muchos millones. Cuando hay gente que se muere de sed, eso es un desprecio a la solidaridad y al resto de la humanidad. Con los años te das cuenta de que las mayores satisfacciones de la vida son las cosas más baratas: una noche con los amigos, una playa, hablar de lo divino y de lo humano, cosas que no cuestan dinero. En esta esquizofrenia del consumismo y del despilfarro yo creo que hay que volver a las cosas esenciales que realmente cuestan poco y que son fáciles de obtener.

Es paradójico que actualmente los artículos de lujo sean el aire, el silencio y el cielo estrellado.
Y el tiempo. La gente desaprovecha ese tiempo llenándolo con cosas banales en lugar de estar con la gente que quiere y en el lugar adecuado. Eso es lo que vale. Todo lo demás es un disparate.

¿Qué piensas cuando oyes hablar de turismo sostenible?
Antes lo que había eran viajeros que iban en busca de aventuras y que se mezclaban con la gente. El turismo de hoy lo que pretende es alienarte. Es parecido a unos grandes almacenes y esta parafernalia en la que estamos metidos. No nos engañemos, ese es el turismo que hay y que cada vez será mayor. A mí esto no me interesa. Lo importante son esas satisfacciones que te da el encontrarte con las particularidades de un sitio, poder relacionarte con la gente de allí y disfrutar del encuentro, no sólo con ese lugar, sino también contigo mismo.

Sobre la especulación urbanística has dicho que es un problema de mal gusto y falta de cultura. ¿Cuál es la solución?
Educar siempre es el dinero mejor empleado. Es importante enseñar a estar conforme con uno mismo porque, entonces, puedes estar conforme en cualquier sitio. Es algo que se debería aprender en los colegios al igual que el respeto a los demás. Hay gente que tiene cuatro casas, una en la playa, otra en el monte y otra en la ciudad, y al final no puede disfrutar de ninguna. En cambio, con una tienda de campaña te arreglas perfectamente.

¿Cuándo el poder público entenderá lo urbano como un bien público? ¿Para cuándo una política no para construir casas sino para construir ciudad?
Eso es esencial. La que más pena me da es que en el pasado esas cosas estaban mucho más claras, hasta el punto de que es difícil encontrar edificios de más de 100 años que no tengan una gran calidad arquitectónica y no se hayan adaptado al territorio o no hayan intentado compaginar la artificialidad con la naturaleza. Hoy en día hay un desprecio al sentido común y un encumbramiento de lo que el hombre puede hacer. Se cree capaz de destruir el paisaje y la naturaleza impunemente, y eso tiene consecuencias.

Finalmente, ¿qué te sugiere una noche con el cielo estrellado?
Que es una suerte estar vivo y poder disfrutar de ese momento. Esas cosas son las que de alguna manera tendríamos que sacarle más partido, a esa maravilla que es la Tierra y este Universo en el que estamos.

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El autor

Iván Jiménez Montalvo es Licenciado en Periodismo y realizó el Máster en Comunicación Científica de la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente trabaja para el Instituto de Astrofísica de Canarias.

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