Astrofotografía fácil

Luis Chinarro / 12-02-2003

Una película fotográfica necesita recibir una cantidad de luz determinada para ser correctamente expuesta y obtener de ella una copia satisfactoria. Esto se sabe, todos hemos hecho alguna vez una fotografía de cualquier motivo. Si algún día o, mejor dicho, alguna noche deseamos tomar una fotografía de un objeto celeste debemos tener en cuenta que la película fotográfica necesita recibir la misma cantidad de luz que cuando hacemos la foto de un paisaje. El fundamento fotográfico es el mismo pero... ¡Qué horror... si casi no se ve! Efectivamente, exceptuando al Sol y la Luna, los objetos celestes emiten muy poca cantidad de luz. Éste es el primer obstáculo que debemos salvar para hacer una astrofotografía, por ejemplo de nuestra constelación preferida. En principio, la solución parece sencilla: hacer una exposición lo suficientemente larga para que la película reciba la cantidad de luz requerida y estar correctamente expuesta. Sin embargo, el lector avispado ya habrá deducido que la solución puede parecer ser sencilla pero es compleja en su realización. Si hago una foto "a mano alzada" de un segundo, un minuto o una hora de exposición va a salir movida. ¿Qué solución hay?

Es difícil resumir en un artículo corto cómo hacer astrofotografía dada la cantidad y variedad de objetos celestes existentes y de técnicas posibles. Me limitaré a dar unas directrices generales para todos aquellos que quieran iniciarse en este campo.

El equipo básico consiste en una cámara de objetivo intercambiable, enfoque manual, preferiblemente con funcionamiento mecánico (sin pilas) y que disponga de la posición "B" (exposición indefinida). Necesitamos también un disparador de cable y un trípode lo más estable posible. Este equipo permite tomar algunas fotos; sin embargo, para la mayoría de las que querríamos hacer, las que vemos publicadas en libros y revistas, hace falta también un telescopio con montura ecuatorial.

¿Y qué pasa con la película? Pues está claro que es imprescindible. Como hay multitud de ellas, vamos a escoger una que sirva para casi todo. No importa que el negativo sea en color, blanco y negro o diapositiva; tampoco la marca. Importa que sea de 400 ISO de sensibilidad.

Con este mínimo equipo podemos salir al campo, lejos de las luces de la ciudad, y empezar.

Primero cargamos la película en la cámara, situamos ésta sobre el trípode, apuntamos a la estrella polar, enfocamos la cámara al infinito, ponemos la mayor apertura de que dispongamos y apretamos el botón del cable disparador. Al cabo de treinta minutos o una hora (sirvan estos de tiempos de orientación), volvemos a pulsar el botón del disparador para dar por concluida la exposición de nuestra primera foto.

¿Qué ha salido? Un montón de líneas curvas más o menos largas y concéntricas alrededor de un punto muy próximo a la estrella polar, que es el trazo más corto apreciable en nuestra fotografía. Esto demuestra que las estrellas (y por extensión todo el cielo) se mueven alrededor de un eje imaginario que apunta a la estrella polar.

El mismo equipo y sistema lo podemos utilizar también para fotografiar lluvias de meteoritos y constelaciones. Para los primeros es aconsejable poner en nuestro cuerpo de cámara un objetivo gran angular (no es imprescindible) y apuntar a una zona del cielo distante del radiante meteórico entre 45 y 90 grados. Los tiempos de exposición pueden ser de 10 o 15 minutos. Para las constelaciones se puede utilizar un objetivo estándar (50 mm) y hacer exposiciones de no más de 30 segundos con el fin de obtener imágenes estelares casi puntuales.

Próximamente, hablaremos de técnicas un poco mas refinadas para conseguir fotografías más ¿espectaculares? de objetos como la Luna, los planetas y otros.

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El autor

Luis Chinarro es Operador de Telescopios en el Observatorio del Teide del Instituto de Astrofísica de Canarias y Astrofotógrafo.

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