Pequeño pero muy brillante

Ángel Gómez Roldán / 12-12-2005

Hace poco más de un año que la sonda espacial Cassini llegó a Saturno y sus satélites, mundos helados situados diez veces más lejos del Sol que la Tierra. Desde entonces, sus observaciones han obligado a reescribir capítulos enteros de la astronomía planetaria. Es el caso de los hallazgos en Titán, el mayor satélite del sistema de Saturno. Allí la sonda europea Huygens, que iba a lomos de Cassini, realizó un espectacular descenso y aterrizaje en enero pasado. O de las más detalladas imágenes nunca obtenidas de los anillos y las nubes de Saturno. Pero donde los investigadores de la misión coinciden es en los asombrosos descubrimientos en una de las pequeñas lunas del planeta, Encélado, hallado en 1789 por el astrónomo inglés William Herschel, el descubridor de Urano.

La octava luna de Saturno en ser encontrada (de las cuarenta y siete conocidas) está a menos de 238.000 km de distancia del planeta y tarda unas treinta y tres horas en rodearlo. Debido a sus reducidas dimensiones, de 512 x 494 x 489 km, no llega a ser perfectamente esférica. El porcentaje de luz solar que refleja su superficie es de casi el 100%, el más alto del Sistema Solar, por ello es tan luminoso como la nieve recién caída. De hecho, los espectros realizados con telescopios desde tierra muestran claramente la huella del agua congelada. Desde la primera observación en el s. XVIII destacó por su elevado brillo en comparación con su tamaño.

Las sondas robóticas Pioneer11 (septiembre de 1979), Voyager 1 (noviembre de 1980) y Voyager 2 (agosto de 1981) fueron las que realizaron, con rápidos sobrevuelos, las primeras aproximaciones al sistema de Saturno. En especial, las imágenes de las Voyager mostraron a Encélado como una bola de hielo con bastantes cráteres de impacto erosionados y unas extrañas fracturas en algunas zonas de su, por lo demás, brillante y lisa superficie. Sorprendió que un cuerpo pequeño mostrara signos de una actividad tectónica reciente.

Como las Voyager no se acercaron a menos de cien mil kilómetros de distancia del satélite, los geólogos planetarios se quedaron con las ganas. La situación ha mejorado con la presencia en la órbita de Saturno de Cassini, que ha podido visitar la mayoría de las lunas grandes del planeta, incluyendo Encélado. Los tres pasos realizados hasta ahora sobre ella, el último a sólo 175 km de altura el pasado mes de julio, la han convertido en uno de los hitos científicos de la misión. El supuesto pequeño mundo helado e inerte ha pasado a ser un lugar dinámico, con criovulcanismo y una continúa remodelación superficial.

El magnetómetro de la sondareveló la existencia de una tenue y extensa atmósfera, que fue analizada en detalle con instrumentos como el espectrómetro de iones y masa neutra y el espectrógrafo ultravioleta. Se halló que está compuesta en un 65% de vapor de agua y en un 20% de hidrógeno molecular, el resto es dióxido de carbono y una combinación de nitrógeno molecular y monóxido de carbono. Al descubrirse una variación de la densidad del vapor de agua con la altura, se sugirió que éste podría proceder de una fuente superficial localizada en un punto concreto. Además, el hecho de que exista una atmósfera, por tenue que sea, en un mundo tan menudo como Encélado, sin gravedad suficiente para retenerla, sólo puede significar que hay algún proceso geológico activo que está continuamente generándola.

El polo Sur contiene un mayor número y densidad de fracturas de aspecto reciente que el resto del satélite. En las imágenes tomadas a apenas unos centenares de kilómetros de altura, se aprecian enormes bloques de hielo, del tamaño de edificios, dispersos por la zona de las fracturas, llamadas "bandas de tigre" debido a su peculiar apariencia de trazos paralelos de distinto color que el resto de la superficie. Los espectros en el infrarrojo de algunas de estas zonas señalan, además, que se encuentran bastante más "calientes", a unos 150º grados bajo cero, de lo que se esperaría, alrededor de los 200º bajo cero.

Cómo una luna de 500 km de diámetro puede generar esta energía, por lo demás concentrada en las zonas polares australes, es toda una incógnita. La sublimación del hielo, relativamente caliente, puede explicar las nubes de vapor de agua detectadas y, por tanto, el origen de su atmósfera. Sin embargo, la explicación más probable para las anormales temperaturas es que sean causadas por calentamiento de marea, al estilo de lo que ocurre en los satélites de Júpiter, por ejemplo Ío, Europa y Ganímedes. De hecho, en ciertos lugares su superficie se parece mucho a estas dos últimas lunas. Por ello, algunos investigadores trabajan con la hipótesis de que pueda existir agua líquida baja la corteza helada de Encélado, lo que la dotaría de interés astrobiológico.

Otro de los hallazgos de la sonda es que su medidor y analizador de polvo cósmico detectó un gran incremento en el número de partículas cerca de Encélado, estableciendo una conexión entre éste y el difuso anillo E de Saturno –situado en la misma órbita–, por lo que se especula con que la fuente de material principal de este anillo sea precisamente el propio satélite. El próximo paso cercano de la Cassini a Encélado, a unos mil kilómetros de distancia, no se producirá hasta marzo de 2008. Entre tanto, esta sonda espacial nos seguirá asombrando con sus observaciones de Saturno y sus lunas.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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