El nombre de la Rosetta

Carmen del Puerto / 13-08-2002

Una estela de basalto

En 1799, tropas francesas encontraron cerca de la ciudad de Rosetta, en la desembocadura del río Nilo, una estela incompleta de basalto negro que recibió el nombre del lugar -Piedra Rosetta- y que presentaba tres series de inscripciones: la primera, de 14 líneas, era jeroglífica; la segunda, de 22, demótica; y la tercera, de 54, griega. Un general de Napoleón tradujo el texto griego inmediatamente. El desciframiento de los jeroglíficos y del demótico fue más tardío por su dificultad. El arqueólogo francés Jean-François Champollion (1790-1832), que dominaba más de una docena de lenguas antiguas, descifró en 1822 los jeroglíficos egipcios tras comparar las inscripciones de la base del obelisco de Philae, en Egipto, con las de los "cartuchos" (nombres de reyes en jeroglífico inscritos en un óvalo) de la piedra Rosetta, que encerraban los nombres de Ptolomeo y su esposa, Cleopatra I. Se trataba de un decreto honorífico de los sacerdotes de Menfis, fechado en marzo del año 196 a.C. y dedicado al rey de Egipto Ptolomeo V Epífanes, con motivo del primer aniversario de su coronación.

Esta lápida trilingüe se encuentra actualmente en el Museo Británico de Londres, a donde se trasladó en 1801, después de la capitulación de Alejandría, cuando Francia, derrotada frente a los ingleses, tuvo que retirarse de Egipto y entregar a Inglaterra todas las antigüedades egipcias conquistadas por Napoleón. Hoy, la piedra Rosetta da nombre a una misión científica de la Agencia Europea del Espacio, aunque ya existía la nebulosa homónima desde finales del siglo XVII.

La nebulosa de Flamsteed

Desde la antigüedad hasta nuestros días, la historia de la nomenclatura astronómica ha sido un proceso que ha incluido tanto la mitología grecolatina como el exotismo de los Mares del Sur. Leyendas y metáforas que han acompañado el devenir astronómico hasta que la complejidad y la amplitud alcanzadas en el conocimiento del Universo han obligado a establecer unas normativas estándar para la designación de cuerpos u objetos astronómicos. Y ello basándose más en sus coordenadas matemáticas que en la riqueza semántica de las palabras.

Así, muchos objetos del Universo se nombran simplemente con unas letras, que identifican el catálogo en el que están clasificados (M de Messier, NGC de New General Catalogue,...), seguidas del número que les corresponde en dicho catálogo. En algunos casos, el mismo objeto recibe dos o tres identificaciones de este tipo en función de los diferentes catálogos que lo incluyen. Pero esta designación coexiste, en el caso de las nebulosas y algunos cúmulos de estrellas, con un nombre poético acorde con su belleza. Una de ellas es la Nebulosa de la Rosetta (respetando su grafía inglesa), visible con pequeños telescopios y cuya apariencia, semejante a una rosa simétrica, le da nombre. La presencia de un rico y brillante cúmulo de estrellas en su interior favorece tal apariencia. Mucha de la luz que emite esta nebulosa, situada a unos 5.000 años luz, procede de átomos de hidrógeno que le proporcionan el color rojizo observado.

La Nebulosa de la Rosetta, también conocida por NGC 2237, NGC 2238 y NGC 2239, en la constelación de Monoceros o del Unicornio, fue descubierta en 1690 por el reverendo y astrónomo inglés John Flamsteed (1646-1719), cuando confeccionaba un catálogo de estrellas de cada constelación. Flamsteed fue el primer Astrónomo Real de Inglaterra y primer Director del Real Observatorio de Greenwich; él mismo había sugerido la necesidad de su creación. Una pequeña herencia de su padre, que murió en 1688, le proporcionó los medios para construir un instrumento mural montado en la pared y destinado a medir la altitud de las estrellas a su paso por el meridiano. Este astrónomo amplió la lista de estrellas que ya había catalogadas a 3.000, incluyendo astros más débiles. En su catálogo Historia Coelestis Britannica ordenó las estrellas de cada constelación por sus coordenadas -así, Betelgeuse era 58 Ori- y dio sus posiciones con mucha más precisión que cualquier otro trabajo previo. Sin embargo, en la versión oficial del catálogo (la publicada en 1725, después de su muerte), los números árabes consecutivos para cada constelación no estaban incluidos explícitamente, aunque sí aparecieron en una versión preliminar publicada por Edmund Halley e Isaac Newton en 1712, sin permiso de Flamsteed.

Visita a un cometa

ROSETTA también es una misión de la Agencia Europea del Espacio (ESA), cuyo lanzamiento está previsto para el 12 de enero del año 2003, con un Ariane 5, desde la base de Kourou, en la Guayana Francesa. Su objetivo fundamental es el estudio de los cuerpos primitivos de nuestro sistema solar, con el fin de conocer su origen y evolución y de ahí deducir la historia del resto de los objetos que giran alrededor del Sol. La misión sobrevolará dos cuerpos del cinturón de asteroides: los llamados Otawara y Siwa. En el año 2011 se posará sobre un cometa -el llamado 46 P/Wirtanen, descubierto el 15 de enero de 1948 en el Observatorio de Lick (Estados Unidos)- y, mediante un vehículo orbital que llevará a bordo instrumentos de teledetección y una sonda -el Rosetta Lander-, efectuará estudios sobre su núcleo. Uno de los instrumentos será OSIRIS (Optical, Spectroscopic and Infrared Remote Imaging System), en el que España tiene una importante participación. Este instrumento bautizado como un dios egipcio no debe confundirse con el instrumento del mismo nombre que se está desarrollando para el Gran Telescopio CANARIAS.

El nombre de esta misión es un homenaje a la famosa Piedra trilingüe Rosetta, que fue clave para descifrar los jeroglíficos egipcios y, con ello, la historia del antiguo Egipto. Hasta su descubrimiento, las "imágenes" egipcias se consideraban enigmas "científicamente irresolubles", como enigmático resulta nuestro origen cósmico. La clave puede estar en esta misión.

La jerga de la ciencia

¿Y a qué venía esta historia? Pues a que en pro de un justificado pragmatismo, apoyado en el carácter internacional de la ciencia, ya no es fácil encontrar en la nomenclatura astronómica el poder de ensoñación y la capacidad sugeridora que caracterizó, por ejemplo, a los nombres de las más antiguas constelaciones. Sin embargo, junto a designaciones prosaicas y frente al imperio funcional de los números y de las letras, persisten términos alegóricos, a la vez que siguen creándose otros, quizá para evitar que la astronomía pierda romanticismo. El nombre de la Rosetta brindaba una excusa para abordar esta cuestión y hacer apología de la interdisciplinariedad.

Se suele atacar a la ciencia diciendo que permanece histórica y socialmente divorciada de una cultura humanística o de letras. También se habla de la complejidad del lenguaje científico. Pero, a veces, la jerga de la ciencia rinde culto a la metáfora y muchos de sus términos esconden, detrás, una larga historia.

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  • Varias RosettaVarias Rosetta

    Autor: Gotzon Cañada

    Créditos imágenes originales: IAC et al.

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El autor

Carmen del Puerto es Doctora en Ciencias de la Información y Jefa de Ediciones del Instituto de Astrofísica de Canarias.

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