Astrofotografía fácil: el abc

Daniel López / 13-08-2008

Antes de entrar en las técnicas concretas para fotografiar el cielo, hablemos brevemente de la diferencia entre la fotografía tradicional y la astronómica. Probablemente todos hemos tomado alguna vez una fotografía diurna en la que encuadramos el objeto, enfocamos y disparamos. Estas imágenes están realizadas con luz suficiente para que no haya problemas de que salgan movidas, con falta de luz o mal enfoque. La astrofotografía necesita una técnica más compleja. Aunque es cierto que se puede hacer fácilmente y con un equipo básico (un trípode, una cámara de fotos y un disparador remoto), si se quieren captar objetos débiles el asunto se complica.

Una forma fácil de realizar interesantes estampas del cielo es orientar la cámara con un objetivo angular hacia el norte y hacer una exposición de varios minutos o incluso horas. Se obtiene entonces una foto en la que todas las estrellas giran alrededor de una central: la estrella polar. Este efecto se produce por la rotación de la tierra sobre sí misma en su movimiento de traslación alrededor del Sol. Como su eje de rotación coincide aproximadamente con la posición de la estrella polar, parece que todas las demás giran alrededor de ella. Haciendo lo mismo en cualquier otra parte del cielo se obtienen trazas de estrellas que, combinadas con un bonito fondo de estrellas, árboles, edificios, montañas… proporcionan curiosas fotografías de paisajes nocturnos.

El movimiento terrestre visto en las estrellas, que en principio puede parecer incluso divertido, es uno de los primeros obstáculos a salvar en astrofotografía. Normalmente los objetos del cielo (nebulosas, galaxias, etc.) son débiles y los tiempos de exposición para lograr captar detalles son largos, del orden de muchos minutos. Es necesario un sistema para contrarrestar el giro de la Tierra sobre sí misma, de lo contrario las estrellas aparecen como trazas y no como típicos puntos de luz.

El sistema para contrarrestar la rotación terrestre se conoce como "montura ecuatorial", y es indispensable para que las fotos no salgan movidas. Las hay de muchos tipos, por ello no se entrará en detalle en su modo de funcionamiento, pero básicamente es un aparato, sobre el cual se monta el equipo de astrofotografía, que se orienta con el eje de rotación terrestre por medio de la estrella polar. Posee dos ejes: el de declinación DEC y el de ascensión recta AR. Como mínimo éste último debe ser motorizado ya que se encarga de contrarrestar la rotación terrestre. El eje de DEC, en cambio, se emplea para realizar pequeñas correcciones en el seguimiento debido a diversos factores, como una mala puesta en estación, que ocurre cuando la orientación de la montura con el eje de rotación terrestre no es buena.

Una vez se dispone de una montura ecuatorial, utilizando objetivos de focales cortas (18-70 mm) y tiempos de exposición de pocos minutos, se pueden fotografiar grandes campos y confiar en que los motores de seguimiento de la montura realicen su labor con la suficiente precisión como para que el seguimiento sea aceptable. Pero si se usan objetivos de focales elevadas es indispensable algún tipo de ayuda en el seguimiento, independientemente de lo precisa que sea la montura. Normalmente se utiliza un pequeño telescopio en paralelo al principal (con el que se toma la fotografía). Hay otras técnicas de seguimiento, como la guía fuera de eje, pero no se hablará de ellas en este artículo.

Existen dos modalidades de seguimiento: manual o automático. El manual es ya casi una excepción, resulta tedioso y pone a prueba los nervios del astrofotógrafo más experimentado. Por ello se explicará el automático, que es el que se está extendiendo entre los aficionados debido a la generalización del uso de ordenadores portátiles y a la bajada de precios de las cámaras de seguimiento. En esta modalidad se dispone de una montura ecuatorial y de dos telescopios: el principal, orientado al objeto que se quiere fotografiar, y el secundario, enfocado a una estrella próxima al campo de dicho objeto, y equipado con una cámara específica para autoguiado (hay aficionados que modifican webcams para auto-guiar).

Mientras se realiza una fotografía de, por ejemplo, 30 minutos con el telescopio principal, el sistema de seguimiento capta una imagen de una estrella cada pocos segundos, compara su posición en las imágenes sucesivas y realiza los ajustes necesarios en la montura para que la estrella no pierda su posición original. Estas correcciones son minúsculas y no tienen efecto alguno en la imagen final. Se consigue que en 30 minutos de exposición el error sea el mismo que en una exposición de unos pocos segundos. De esta forma se pueden obtener imágenes de cielo profundo con mucho detalle, como las de las nebulosas M20 y M8, que pueden apreciarse en el multimedia del artículo, realizadas con un teleobjetivo, un pequeño telescopio refractor y la cámara Canon 350D.

Una vez que disponemos de todo el material, hay que buscar el sitio ideal para realizar las fotos. Normalmente la contaminación lumínica que existe en pueblos o ciudades hace imposible la práctica de la astrofotografía, por esto debemos alejarnos varios kilómetros en busca de cielos oscuros. Si realmente no disponemos de esta posibilidad, existen unos filtros especiales para reducir la contaminación lumínica. El viento es otro factor a tener en cuenta. Un viento de pocos km/h puede hacer que todo el equipo vibre y las fotografías salgan movidas, por ello debemos encontrar un lugar resguardado o escoger días no ventosos. El cielo debe estar despejado, pues basta que pase una pequeña nube delante del objeto a lo largo de la exposición para que arruine la toma.

En Luna nueva es cuando más oscuro está el cielo y, por tanto, se pueden realizar tomas con más tiempo de exposición. Hay otros factores que también influyen en la astrofotografía, como una alta humedad, que puede empañar los objetivos. Esto se puede evitar en parte con el uso de calentadores en los telescopios con el fin de impedir que el rocío de la noche se deposite en las lentes. También hay que tener en cuenta, esta vez para nuestra comodidad, el frío. Al realizar fotografías en plena noche, si las temperaturas bajan se hace necesario abrigarse y más teniendo en cuenta que uno está parado durante varias horas al pie del telescopio.

Se puede concluir con una lista de equipos posibles para la práctica de la astrofotografía, partiendo del más sencillo. Se recomienda consultar el multimedia asociado al artículo.

- Trípode, cámara de fotos y disparador.
Se consiguen bonitas estampas del movimiento de las estrellas en el cielo.

- Montura ecuatorial, cámara con objetivo fotográfico y disparador.
Se pueden empezar a obtener detalles de grandes regiones del cielo así como alguna nebulosa extensa o galaxia cercana.

- Montura ecuatorial, pequeño telescopio, cámara y sistema de seguimiento con tubo guía manual o automático.
Comienza la astrofotografía amateur al nivel más avanzado. Las exigencias del equipo son mayores. Lo más importante es disponer de una montura ecuatorial de calidad y con suficiente capacidad de carga para aguantar todo el equipo.

A la hora de adquirir el material, el orden de preferencia sería el siguiente:

- Una buena montura ecuatorial.
Se recomienda no escatimar dinero en su compra, ya que es la base de todo el equipo. Si la montura no es lo suficiente estable y precisa, da igual el telescopio o cámara utilizados, los resultados serán mediocres.

- Un tubo óptico adecuado
Aunque existen "todo terrenos", lo ideal es que, dependiendo del campo al que uno quiera dedicarse, elegir el telescopio. Los hay de muchos tipos, de lentes como los refractores, de espejos como los newtonianos, o una combinación de ambos como los Schmidt-Cassegrain. Conviene informarse sobre las virtudes de cada sistema. Por regla general, un pequeño refractor apocromático o semiapocromático es ideal para iniciarse en la práctica de la astrofotografía.

- Una cámara para astrofoto.
La más básica y con la que se obtienen resultados excelentes es la réflex digital, explicada en el artículo "Astrofotografía fácil: incorporación de la cámara réflex digital".

Y sobre todo, antes de comprar nada, preguntar a los aficionados o a agrupaciones astronómicas. Sin ningún compromiso les aconsejarán e incluso podrán acompañarles en alguna de las salidas que realicen, y podrán ver de primera mano todo lo que deseen.

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El autor

Daniel López es Técnico en Operaciones Telescópicas en el Observatorio del Teide (Instituto de Astrofísica de Canarias).

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