Teléfono móvil: por qué no sirve para cocer un huevo

Daniel Sebastián de Erice / 14-08-2009

En Internet se pueden ver vídeos de lo más curiosos. En ellos se realizan falsos experimentos en los que se “fríen” palomitas de maíz, o se cuecen huevos con teléfonos móviles. Todas estas leyendas urbanas parten del hecho de que este aparato utiliza microondas para comunicarse, ¡exactamente igual que el horno que tenemos en la cocina!

Aunque parezca una obviedad, la única diferencia de funcionamiento entre un teléfono fijo y uno móvil es que el primero establece una comunicación directa a través de un cable, y el segundo no. Cuando vemos esas imágenes antiguas en las que una fila de operadoras se afanan por enchufar clavijas a diestra y siniestra, lo que están haciendo es conectar el aparato que realiza la llamada con el que la recibe a través de un único cable.

Si podemos llamar desde una cabina de teléfono en una playa de Tenerife a una habitación de hotel de Nueva York es porque existe un cable que conecta físicamente y sin interrupciones los dos aparatos. Podríamos, por tanto, seguir el impulso eléctrico en que el micrófono transforma nuestra voz a través del cable de la cabina, que llega a una centralita; allí conecta con un cable submarino que lleva nuestro impulso eléctrico hasta la Península, donde entra en un anillo de fibra óptica de una operadora telefónica; se cruza con miles de llamadas que se están produciendo en ese mismo instante, y sale de la península en otro cable que cruza el Océano Atlántico hasta América, donde otra centralita lo envía hasta la habitación del hotel. Gracias al auricular, el impulso eléctrico se transformará de nuevo en un sonido audible por la persona con la que estamos hablando. Un supuesto bichito podría realizar el viaje completo por el interior de todos esos cables para ir desde Tenerife hasta Nueva York.

Un teléfono móvil prescinde del cable únicamente en la primera y última parte de todo este recorrido. De nuevo, el micrófono de nuestro aparato transforma nuestra voz en un impulso eléctrico que viaja por dentro del móvil hasta la antena. Allí se produce otra transformación, y ese impulso eléctrico se convierte en una onda electromagnética, que viaja por el aire hasta ser recibida por otra antena situada en lo alto de un edificio. La onda electromagnética será transformada en un impulso eléctrico, que será transmitido a través de un cable (exactamente igual que en el caso de un teléfono fijo), hasta llegar a otra antena cerca del móvil que va a recibir la llamada. El proceso se invierte hasta conseguir que la voz se escuche por el auricular del aparato receptor.

Es fácil comprobar que la comunicación sin cables del teléfono con la antena se produce mediante ondas electromagnéticas. Como descubrió Michael Faraday, en un objeto metálico toda la carga eléctrica que posea se concentrará en su superficie, independientemente de lo que haya en su interior. En muchos museos y espectáculos científicos utilizan este principio, introduciendo a varias personas dentro de una jaula metálica y soltándoles descargas desde el exterior. Los participantes estarán totalmente seguros siempre que no salgan de la jaula debido a que toda la electricidad se quedará en su superficie y nunca llegará al interior. Esto mismo ocurre cuando llega un campo electromagnético a un objeto metálico, se queda en la superficie y no llega al interior. Así pues, si envolvemos un móvil en papel de aluminio, podremos observar cómo se queda sin cobertura, o lo que es lo mismo, cómo se interrumpe la comunicación entre el teléfono y la antena, debido a que las ondas electromagnéticas que se mandan se quedan en la superficie del papel de aluminio.

Estas ondas electromagnéticas están, efectivamente, en el rango de las microondas, pero su frecuencia es muy diferente a la de las ondas que se utilizan para calentar el agua en la cocina. Por esta razón no se puede utilizar un móvil para cocer huevos o freír palomitas…

Sin embargo, sí hay algo similar en el comportamiento de las microondas de un móvil y las de un horno. Si introdujéramos una "bola" de papel de aluminio en un horno microondas (cosa que no es recomendable hacer, puesto que se podría estropear el aparato), veríamos que saltan chispas entre los pliegues de la bola. Esto se debe a que la onda electromagnética que produce el horno hace vibrar los electrones del aluminio, concentrándolos en las puntas que se producen en los pliegues de la 'bola', y provocando las chispas. También se pueden producir chispas de este tipo debidas a la presencia de microondas emitidas por un teléfono móvil. Si esas chispas se producen cerca de un gas inflamable, como el de la gasolina, pueden provocar una explosión. Por esta razón está prohibido utilizar los móviles en las gasolineras.

Hasta ahora hemos visto cómo un teléfono móvil se comunica con la antena más cercana sin cables. Pero, ¿cómo sabe luego el sistema dónde se encuentra el aparato al que va dirigida la llamada?

Cuando nosotros encendemos un móvil, éste se comunica con la antena más cercana y le indica que está operativo. Esta información pasa a una base de datos en la que se almacena el número del móvil y su ubicación (cerca de qué antena está). Así, cuando nosotros llamamos a un número, la llamada pasa por esa base de datos; si no encuentra el número que hemos marcado el sistema nos indicará que no está operativo; y si lo encuentra enviará nuestra llamada hacia la antena más cercana al móvil de destino.

¿Y cuando nos movemos, qué ocurre? Hagamos otro experimento. Cojamos nuestro teléfono móvil y nuestro reproductor de mp3, y elijamos una línea de autobús que tenga un recorrido agradable. Al encender el móvil escucharemos en nuestros auriculares unas interferencias, que pararán al cabo de unos segundos. Este primer momento, cuando el aparato se está identificando, es el momento en el que más intensidad tiene la emisión de la señal, y por este motivo es cuando se producen las mayores interferencias. Ocurre lo mismo en el momento de realizar una llamada, hasta que ésta queda establecida. Después, durante la conversación, la señal se emite con mucha menor intensidad y las interferencias desaparecen. Pero cuando estamos tranquilamente en el autobús, recorriendo la ciudad, también hay momentos en los que podemos escuchar las interferencias en el auricular de nuestro mp3, aunque el móvil lleve ya tiempo encendido y no estemos haciendo ninguna llamada. Además, si repetimos el trayecto varias veces, nos daremos cuenta de que las interferencias se producen siempre en las mismas zonas.

El móvil está continuamente recibiendo una señal de la antena más cercana. Es la intensidad de esa señal la que nos marca cuánta cobertura tiene el teléfono en cada momento. Cuando nos desplazamos, nos acercamos a otra antena, cuya señal empezará a ser más potente que aquélla de la que nos vamos alejando. En este momento nuestro teléfono "cambia de antena", es decir, se desconecta de aquélla en la que estaba, y se identifica en la nueva, más cercana. En este nuevo proceso de identificación el móvil emite con mayor potencia, produciéndose interferencias similares a las del establecimiento de llamada o de conexión del aparato.

Si trazáramos en un mapa de la ciudad un círculo alrededor de cada antena de telefonía móvil, veríamos una especie de panal de abeja, en el que cada celdilla representa el área de influencia de la antena que está en su centro. Por esta razón los teléfonos móviles reciben también el nombre de “celulares” (cell phones en inglés). Cuando escuchamos esas interferencias en los auriculares es porque estamos pasando de una celda a la siguiente. Si vamos muy rápido, en un tren, o circulando por una autovía, esta transición puede ser demasiado rápida, perdiéndose la comunicación por un tiempo, el suficiente para que se corte la llamada.

Este sistema celular es muy similar al que se utiliza en la radio digital, la que se sintoniza desde la radio de un coche. Si recorremos una distancia larga, pongamos entre Madrid y Murcia, y tenemos sintonizada una emisora en FM, podremos observar que cada cierto tiempo se produce un salto en la emisión: falta alguna palabra, o se repite, o aumenta el volumen de pronto… Este salto, si nos fijamos, viene acompañado por un cambio en la frecuencia del dial. Lo que ha ocurrido es que hemos pasado de una celda a otra, de la influencia de una antena a la de otra más cercana. Esto puede ser algo molesto si la carretera recorre justo el límite de influencia entre dos antenas, y estamos pasando de una a otra continuamente.

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El autor

Daniel Sebastián de Erice es Licenciado en Física y director de escena. Actualmente dirige la empresa de gestión cultural Alioth arte&ciencia y la compañía de teatro científico "Teatro para armar", con la que ganó el premio Focus de puesta en escena en el certamen Ciencia en Acción 2011.

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