La sombra de la Tierra recorre la Luna

Annia Domènech / 15-05-2003

Luna nueva, en cuarto creciente, llena y en cuarto menguante. Luna eclipsada, Luna que eclipsa.
Luna, satélite de la Tierra, una vuelta cada 28 días. Luna visitada. Es ella, la de la vida nocturna, la que mañana será oscurecida por la Tierra. Pero, ¿quién, qué, cuándo, cómo y por qué?

La Luna gira en torno a la Tierra. La Luna y la Tierra, en torno al Sol, cuya radiación juega a las luces y las sombras dependiendo de las posiciones de los distintos participantes. Un año no es nada más que los 365 días que tarda nuestro planeta en dar la vuelta al Sol. Un mes, nada menos que el tiempo que necesita la Luna para rodear a la Tierra. Son 27 días y medio, con alguno extra debido a que la Tierra gira simultáneamente alrededor del Sol.

Ambos juegos se desarrollan al mismo tiempo, aunque sus partidas respectivas no coincidan. Tendrán un final y, por supuesto, tuvieron un comienzo. El origen de la Luna y su relación con la Tierra ha sido objeto de numerosas hipótesis. Una de ellas habla del choque de un cuerpo del tamaño de Marte contra la Tierra primitiva. La nube de fragmentos resultante se habría puesto en órbita alrededor de nuestro planeta y, por acreción, habría formado el satélite. Otra afirma que en ese choque se desprendió un trozo de la Tierra que es la actual Luna.

La Luna está a 380.000 km de la Tierra y su tamaño es un cuarto de ella. El movimiento que realiza el satélite, una órbita casi circular, es resultado de la fuerza de atracción de la Tierra, aunque el Sol también influye. La fuerza gravitatoria que atrae dos cuerpos, mayor cuanto más cercanos y masivos, es la que hace que la Luna no salga disparada en línea recta. Dicha fuerza es la que “atrapa” a los cuerpos del Sistema Solar. A su vez, la posición de la Luna (o lunaciones) influye en el Planeta Azul, por ejemplo con las mareas. Si la Luna no existiera, cambiaría mucho la vida en la Tierra, o quizás ni existiría.

Para nosotros, la Luna tiene una cara oculta debido a que tarda el mismo tiempo en girar sobre su eje que en dar la vuelta a nuestro planeta, por lo que siempre vemos la misma mitad. Su superficie se caracteriza por los cráteres resultado de los impactos sufridos, conservados por la ausencia de erosión (no contiene agua ni aire), al contrario de lo que ocurre en la Tierra. Ello es debido a que su tamaño y masa reducidos le impiden retener una atmósfera importante que, además, desintegraría la mayoría de los meteoritos, como ocurre en nuestro planeta.

Verla entera, parcial, no verla; o, lo que es lo mismo, la Luna llena, en cuarto creciente o menguante, y la Luna nueva; según las posiciones de la Tierra y la Luna respecto al Sol. Imaginemos una pelota mitad negra y mitad blanca, es decir, con una parte oscura y la otra iluminada. Si paseamos a su alrededor, habrá momentos en los que la veremos negra, otros blanca y algunos mitad y mitad. Aunque en este caso es la Luna la que gira a nuestro alrededor (por cierto, de oeste a este aunque parezca ir de este a oeste por el movimiento diario de la Tierra); y no a la inversa, la percepción visual es la misma.

La Luna no es un cuerpo emisor de luz, es visible porque refleja la luz solar. Sin embargo, su albedo, que se define como la cantidad de luz que refleja del total que recibe, es muy pequeño. Cuando hay Luna nueva, ésta se ve ligeramente iluminada por la luz cenicienta, que es la que procede de la Tierra, reflejo a su vez de la solar.

En los juegos orbitales, hay momentos en los que los jugadores se cruzan. Cuando la Luna se sitúa entre la Tierra y el Sol tapando al astro, se habla de un eclipse solar. Cuando es la Tierra la que se interpone entre la Luna y el Sol y oculta con su sombra el satélite, el eclipse es lunar. Este tipo de eclipses ocurren unas dos veces al año, cuando hay Luna llena y el satélite se sitúa en el punto donde las órbitas lunar y terrestre se cruzan. Si ambas órbitas estuvieran alineadas, cada plenilunio habría un eclipse de Luna y cada novilunio uno de Sol.

Esta madrugada, día 16 de mayo, habrá un eclipse lunar que comenzará a las 3.05 y acabará a las 8.15, una hora menos en Canarias. La fase total será de cinco a seis; cuando la Luna atraviese la umbra, que es el cono de sombra interior que proyecta la Tierra sobre ella. La penumbra es el cono exterior. El eclipse será total porque la Luna se introducirá completamente en la sombra.

Durante un eclipse de Luna, parece que no pueda estar iluminada por el Sol ni tampoco por la luz cenicienta procedente de la Tierra; sin embargo, se ve rojiza. La explicación es que la luz solar sí llega a ella tras ser dispersada por la atmósfera terrestre, que absorbe principalmente en el azul (por ello el cielo es de este color), dejando como única luz la roja, que es la que le sube los colores a la Luna, como podrán observar los habitantes de la mitad del planeta en la que será de noche.

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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