De excursión al espacio

Ángel Gómez Roldán / 18-09-2007

Este mes de septiembre se cumple el tercer aniversario de un evento singular: el primer lanzamiento exitoso de un vuelo suborbital tripulado utilizando una nave espacial enteramente financiada, diseñada y construida por una empresa privada: la Space Ship One (SS1).

Este vuelo, tan sólo cinco días después de otro realizado por el mismo vehículo, hizo acreedora a ganar el Ansari X Prize, un premio de 10 millones de dólares, a la empresa Scaled Composites, de California (EE.UU.). Una fundación privada, cuyo objetivo es suministrar incentivos al sector privado para que los viajes espaciales sean frecuentes y asequibles al gran público,lo concedía al primer equipo capaz de construir y lanzar un vehículo espacial con tres personas a bordo a una altura mínima de 100 kilómetros; y de repetir el lanzamiento en un plazo de dos semanas. Dicho objetivo, que parece más de ciencia-ficción que de la industria aerospacial de principios del siglo XXI, está más cerca de hacerse realidad de lo que se cree.

Esta singular competición se inspiró en los premios pioneros en aviación de principios del siglo XX, en particular en el que dio origen al famoso vuelo trasatlántico de Charles Lindbergh a bordo del monoplaza Spirit of Sant Louis . Lindbergh cruzó en 1927 por vez primera el océano Atlántico en solitario y sin escalas, ganando el Premio Orteig de 25.000 dólares. Con la filosofía "más pequeño, más rápido y mejor", Lindbergh y sus patrocinadores, demostraron que un reducido equipo de profesionales puede superar a un esfuerzo gubernamental. Los más de un centenar de premios en aviación entre 1905 y 1935 contribuyeron a crear la multimillonaria industria del transporte aéreo actual.

Estableciendo un paralelismo, el tímido éxito de la iniciativa privada en la hasta ahora exclusiva parcela de las mastodónticas agencias espaciales gubernamentales, puede abrir una nueva etapa en la exploración del espacio.

Los escasos intentos de "turismo espacial" realizados hasta la fecha por cinco multimillonarios que han pasado una semana en la Estación Espacial Internacional son, más que nada, un extravagante método de aportar dinero a las depauperadas arcas de la industria espacial rusa: 20 millones de dólares por un billete a la órbita terrestre. Según las estimaciones actuales, un paseo suborbital a cien kilómetros de altura, de tres a seis minutos de ingravidez, viendo la curvatura de la Tierra y la negrura del espacio, costará unos 200.000 dólares, cien veces más barato.

Aún no será una excursión para todos los bolsillos, pero sí asequible a mucha más gente. La empresa británica Virgin ha firmado un acuerdo con los propietarios del diseño de Space Ship One para desarrollar Virgin Galactic, una filial para viajes espaciales comerciales. El hecho que una importante industria de transporte turístico tenga la intención de ofrecer cientos de saltos suborbitales a partir de 2009 al precio mencionado, debe considerarse como una revolución en la "comercialización" del espacio.

Y otro nuevo premio, el America Space Prize, éste de 50 millones de dólares, ha sido establecido por la empresa Bigelow Aeroespace para la compañía que pueda llevar a la órbita terrestre a un vehículo de hasta siete pasajeros antes de que finalice la década. La propia Bigelow Aeroespace ya ha puesto en órbita dos prototipos de su futuro hotel espacial (Génesis I y II): un hábitat hinchable con el volumen interior de un pequeño avión comercial que pretende lanzar en 2012.

Por su parte, Space Adventures, la única firma que comercializa vuelos a la Estación Espacial Internacional y responsable de los cinco turistas que la han visitado, ha anunciado que planea ofrecer misiones de vuelos de circunvalación a la Luna empleando naves Soyuz adaptadas por el módico precio de 100 millones de dólares. De hecho, ya está desarrollando bases de lanzamiento propias para vehículos suborbitales en los Emiratos Árabes Unidos y en Singapur.

La última de las empresas que se ha unido a esta "fiebre del espacio" no es precisamente pequeña, sino EADS Astrium, la filial espacial del consorcio europeo EADS, la segunda compañía aeroespacial más importante del mundo. Su proyecto, hecho público el pasado mes de junio, muestra una especie de avión cohete del tamaño de un reactor de ejecutivos, con capacidad para cuatro pasajeros, que realizaría vuelos suborbitales hasta los cien kilómetros de altura. El proyecto está pendiente de financiación, pero el objetivo es asegurar una cuota de mercado de un 30 % para el año 2020, fecha en la que algunas estimaciones dicen que habrá del orden de 5.000 turistas espaciales al año.

Queda mucho camino plagado de problemas e incertidumbres hasta que sea seguro y, sobre todo, barato asomarnos al espacio, pero sin duda llegan tiempos interesantes.

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  • Charles Lindbergh Charles Lindbergh

    Charles Lindbergh en el Spirit of Sant Louis, de Nueva York a París (1927)

  • <em>Space Ship One</em>Space Ship One

    Vuelo del Space Ship One (4/10/2004)
    Cortesía de Vulcan Productions / Discovery Channel

El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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