Un año en Marte

Ángel Gómez Roldán / 19-01-2005

La multitud de científicos e ingenieros que abarrotaban una de las salas del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena (California) prorrumpió en aplausos y vítores cuando las imágenes del modulo de descenso de una sonda robótica, posado en un paisaje desértico y arenoso, aparecieron nítidamente en las pantallas gigantes de la estancia. Esto ocurrió el año pasado en dos ocasiones, el 3 y el 24 de enero de 2004, con motivo de los aterrizajes exitosos casi consecutivos de Spirit y Opportunity, las sondas interplanetarias de la NASA, en el planeta Marte.

Un año terrestre después, la agencia espacial estadounidense celebra esta efeméride con ambos robots funcionando y en muy buen estado. Entre los dos róvers han recorrido más de seis kilómetros sobre la superficie marciana y han enviado casi setenta mil imágenes y gigabytes de datos. Ambos siguen sus periplos de exploración sin visos de detenerse a corto plazo. Originalmente estaba previsto que estas dos asombrosas máquinas funcionaran durante noventa días, hasta el mes de abril de 2004, y recorrieran unos cientos de metros. Sin embargo, han superado las expectativas más optimistas, puesto que incluso han sobrevivido al duro invierno marciano, cuando la insolación es mínima y las temperaturas descienden a menos de setenta grados bajo cero.

El gran interés del público en esta misión se ha demostrado por el elevado número de visitas a su página web (http://marsrovers.jpl.nasa.gov) que, con más de nueve mil millones de entradas a lo largo del año pasado, es una de las más concurridas de la NASA. No en vano permite seguir casi día a día el sorprendente viaje que Spirit y Opportunity siguen realizando en Marte. Estos dos vehículos de seis ruedas han sido calificados por la prestigiosa revista Science como uno de los mayores hitos científicos del año 2004 por sus extraordinarios descubrimientos, entre los cuales destaca la confirmación definitiva de que en el pasado hubo agua líquida en la superficie de Marte durante largos períodos de tiempo, lo que aumenta las posibilidades de que haya existido un ambiente compatible con la vida.

Spirit se encuentra explorando las colinas Columbia, ubicadas dentro del enorme cráter Gusev. Es el róver más andarín, pues ha recorrido ya cuatro kilómetros desde su punto de aterrizaje, habiendo visitado en su camino un par de cráteres de impacto. También es el más achacoso, pues su rueda delantera derecha funciona mal y sus paneles solares están sucios de polvo marciano, por lo cual generan menos electricidad. Además, al poco de su llegada al planeta rojo sufrió un serio problema de software debido a la saturación de su memoria flash. Pese a todo, su historial científico es intachable. En la actualidad Spirit asciende lentamente hacia un punto de las colinas desde el cual se divisa un valle posterior, lo que permitirá decidir las futuras rutas de exploración. En diciembre, con la ayuda de su brazo robótico, estudió varias rocas que resultaron tener un contenido en fósforo muy superior al de cualquier roca marciana conocida. Según Steven Squyres, de la Universidad neoyorquina de Cornell y líder del equipo de investigación científica de los róvers, algunos de los procesos geológicos que dan lugar a estas concentraciones de fosfatos requieren agua, aunque otros no, por lo que hay que analizar en mayor detalle otras rocas similares para saber cual de las dos opciones es la correcta.

Opportunity, sólo veinte días más joven que su predecesor, está estudiando el escudo térmico que dejó caer en su descenso hacia la superficie marciana para protegerse de la fricción atmosférica y que está situado a menos de doscientos metros del cráter Endurance. Los ingenieros del róver esperan determinar cómo y en que cantidad se ha quemado la protección del escudo con el fin de usar esta información en el diseño de futuras sondas espaciales y aumentar así su seguridad. El róver permaneció seis meses en el interior del cráter mencionado, de unos ciento ochenta metros de diámetro, investigando la multitud de estratos sedimentarios de sus paredes que quedaron al descubierto debido al impacto que le dio origen.

Opportunity ha recorrido en total unos dos kilómetros. Cuando finalice su trabajo con el escudo térmico, avanzará por las lisas planicies de Meridiani Planum, de cráter en cráter, hasta su objetivo final situado a unos cuatro kilómetros de distancia: un terreno caótico difícil de interpretar con las imágenes de los satélites que orbitan Marte. Por no se sabe qué razón, sus paneles solares están mucho más limpios de polvo marciano que los de Spirit. Se encuentra en un excelente estado de salud y afronta con buenas perspectivas el largo viaje, durante el cual avanzará por un terreno en apariencia más fácil de recorrer que las pedregosas y onduladas llanuras del cráter Gusev a las que se enfrenta Spirit.

En agosto se lanzará la próxima misión de la NASA hacia Marte. Se trata de la Mars Reconnaissance Orbiter (MRO), que será la mayor y más capaz de todas las naves que han orbitado este planeta hasta la fecha. Dotada de instrumentos avanzados, elaborará mapas geológicos con gran precisión. Estudiará el suelo, sondeará con radar bajo su superficie y analizará la atmósfera con una claridad sin precedentes. Uno de sus instrumentos principales será una cámara telescópica capaz de distinguir objetos de sólo cincuenta centímetros de diámetro en la superficie marciana.

Otra característica destacada es que la velocidad de transmisión de datos será el triple que la de una conexión de banda ancha, por lo que enviará una cantidad de información impresionante desde la órbita de Marte. Sus gestores hablan del orden de cuarenta veces mayor que todos los datos que poseemos hoy en día. El trabajo de la MRO, que llegará en marzo de 2006, servirá para definir los lugares de aterrizaje de las siguientes misiones de la NASA: la Phoenix, en los helados terrenos del polo norte marciano en 2008, y el Mars Science Laboratory en 2010, un vehículo móvil del tamaño de un tractor, cuatro veces mayor que Spirit y Opportunity, que estará alimentado por energía nuclear.

Gracias a los hallazgos de los róvers, nuestro conocimiento de Marte se ha multiplicado. Ahora ya son muchos los científicos que piensan que el planeta vecino puede albergar pistas sobre si ha existido alguna vez vida sobre él o, incluso, si hospeda todavía actividad biológica. Sin duda, la exploración de Marte va a continuar en el futuro con máquinas cada vez más versátiles y eficientes, allanando el camino para un todavía lejano desembarque humano en el planeta rojo.

¿Y para observar Marte directamente? Estas noches de enero es visible cerca del horizonte suroriental poco antes de la salida del Sol. De hecho, se sitúa muy próximo, unos diez grados angulares al Este, de la estrella gigante roja Antares, la Alfa del Escorpión. Ambos tienen un brillo parecido, por lo que en los fríos amaneceres de enero podremos vislumbrar dos “estrellas” rojizas cercanas entre sí. Es curioso que una sea Marte, a apenas veinte minutos luz, mientras que la otra, Antares está a 604 años luz, dieciséis millones de veces más lejos...

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  • MarteMarte

    Imagen de Marte

    © NASA/Hubble

    Posición del planeta en el cielo

    © Software Starry Night Pro

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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