Venus, un lucero inhóspito

Ángel Gómez Roldán / 21-05-2004

Venus es nuestro vecino de al lado: a sólo 38 millones de kilómetros en su máximo acercamiento a la Tierra, casi 20 millones de kilómetros más cerca que la distancia mínima a Marte.

En cuanto a diámetro, masa y densidad, Venus y la Tierra podrían ser gemelos. Sin embargo, su evolución ha sido radicalmente distinta. Pese a que las culturas clásicas del Mediterráneo y el Oriente Medio asociaron a Venus con la diosa de la belleza y el amor, una temperatura superficial parecida a la de un horno y una atmósfera muy densa, venenosa y corrosiva, hacen de él un símil del infierno.

Compuesta mayormente de dióxido de carbono, su atmósfera contiene varias capas de nubes de ácido sulfúrico, muy densas y gruesas, que ocultan permanentemente su superficie. En ella, la presión es de más de 91.000 milibares, equivalente a la que existe a más de mil metros de profundidad en un océano terrestre. Su elevada densidad es la causante de un formidable efecto invernadero que aumenta mucho la temperatura del suelo, hasta unos 464º C de media, lo bastante como para poder fundir el plomo. Paradójicamente es mucho más caliente que Mercurio estando el doble de lejos del Sol, a cien millones de kilómetros.

La densa atmósfera de Venus conlleva que su meteorología no se pueda explicar únicamente a partir de la terrestre. De hecho, los científicos son incapaces de determinar algunos fenómenos extremos que tienen lugar en la atmósfera venusina. Por ejemplo, se sabe que el planeta rota muy lentamente, una vez cada 243 días (otro misterio es que lo hace en dirección contraria a la mayoría de los planetas del Sistema Solar), mientras que en la alta atmósfera existen vientos huracanados a más de 350 km/h que tardan solamente cuatro días en rodearlo.

La superficie también es desconcertante. En su mayor parte plana, tiene sólo una cadena montañosa remarcable, los Montes Maxwell, y dos «continentes», Ishtar Terra y Aphrodite Terra. Cubierta por enormes flujos de lava, presenta grandes volcanes tipo escudo. Recientemente se ha determinado la existencia de actividad eruptiva por observaciones de radar desde la Tierra. Los cráteres de meteoritos más antiguos parecen tener sólo unos 500 millones de años de antigüedad, lo que indica que el planeta posee algún tipo de proceso erosivo a escala global muy eficiente.

La energía que se produce en el interior de la Tierra se disipa de un modo gradual a través de las constantes erupciones volcánicas y el desplazamiento de las placas tectónicas, que son el origen de los terremotos. Sin embargo, en Venus no parece ocurrir el mismo fenómeno. Se especula con que allí la presión interna crece hasta que el planeta entero «explota» en una erupción volcánica general, reconstruyendo por completo la superficie y eliminando todos los cráteres presentes. Esto, que debió ocurrir hace unos 500 millones de años, explicaría por que no existen apenas huellas de impactos anteriores.

Desde 1961, tanto la antigua Unión Soviética como los Estados Unidos han enviado muchas naves espaciales a Venus, por algo se trata del planeta más cercano a la Tierra. Los cartografiados de radar de estas sondas (especialmente la Magallanes, de la NASA que “trabajó” más de cuatro años) han mostrado con precisión su superficie, siempre oculta por el denso y opaco manto nuboso. Sin embargo, desde principios de la década de los 90, cuando finalizó la exitosa misión del orbitador Magallanes, no han viajado más vehículos a este planeta, cuando todavía quedan muchos interrogantes por resolver. Por ejemplo, cuál es el modelo de circulación de su atmósfera o cómo cambia de composición con la altura; de qué manera interactúa por un extremo con la superficie y por el otro con el viento solar…

Venus Express es una misión en desarrollo de la Agencia Espacial Europea (ESA) que ha sido diseñada específicamente para tratar de responder a estas cuestiones, además de para estudiar la interacción de la atmósfera de Venus con el plasma interplanetario. Su lanzamiento, previsto en noviembre de 2005, se realizará a bordo de un cohete ruso Soyuz-Fregat desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán. El viaje directo a Venus durará 153 días, tras los cuales habrá cinco jornadas de maniobras que colocarán la sonda en una órbita fuertemente elíptica, de 250 x 66.000 kilómetros, en torno a este planeta. La duración de la misión será de unos dos días venusinos (486 días terrestres).

Venus es probablemente el cuerpo celeste más observado tras el Sol y la Luna pero, a diferencia de estos, no todo el mundo sabe reconocerlo y es confundido frecuentemente con estrellas, aviones y objetos volantes no identificados. Sin embargo, es fácil distinguirlo en los crepúsculos, incluso desde una ciudad donde haya contaminación lumínica. De manera similar a lo que ocurre con Mercurio, al tratarse de un planeta cuya órbita es interior a la de la Tierra Venus se encuentra siempre relativamente cerca del Sol en el cielo. Por ello, sólo es visible al amanecer o al atardecer.

Exceptuando el Sol y la Luna, posee el mayor brillo aparente de todos los astros del firmamento gracias a su cercanía a nuestro planeta y a la densa capa de nubes que lo cubre. Ello hace posible que se pueda observar sin instrumentos incluso a pleno día, si uno sabe dónde buscarlo. Estas semanas, Venus es lucero del atardecer: en el horizonte occidental es visible durante varias horas justo después de la puesta de Sol. A medida que transcurren los días se acerca paulatinamente a la estrella, por lo que se reduce el tiempo de observación, y a finales de mayo su proximidad lo volverá invisible. Siguiendo su órbita, Venus se encamina a pasar entre el Sol y la Tierra, que este año tendrá la particularidad de producirse con los tres astros alineados. Por tanto, el 8 de junio tendrá lugar un tránsito del planeta por delante del disco solar, fenómeno que no ocurre desde hace 122 años.

De momento, uno de los mejores anocheceres para ver a Venus es el de hoy, día 21 de mayo, cuando una fina Luna creciente se situará muy cerca del noroeste del planeta configurando una bonita conjunción. Durante el día el satélite esconde a Venus desde las latitudes de Europa. Al anochecer, la ocultación será visible en una franja que va de Mongolia al sur de la India. Un llamativo fenómeno a la espera del tránsito que tendrá lugar dentro de dos semanas.

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  • VenusVenus

    Imagen de Venus

    © Magellan Project/JPL/NASA

    Posición del planeta en el cielo

    © Software Starry Night Pro

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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