Un mecano en la órbita terrestre

Annia Domènech / 21-08-2008

Módulo tras módulo, la Estación Espacial Internacional (International Space Station, ISS) crece también como emblema de la ciencia y la tecnología sin fronteras. Participan en este proyecto dieciséis países: Estados Unidos, Rusia, Canadá, Japón, Brasil, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos, Noruega, España, Suecia, Suiza y el Reino Unido, representados por cinco agencias espaciales.

La ISS semeja un gigantesco mecano que, cuando esté acabado, contará con un centenar de piezas, pesará 455 toneladas, y medirá unos 100 m de largo por 80 de ancho, el equivalente a un campo de fútbol. Con ella se pretende asegurar una presencia humana permanente en el espacio a lo largo de los próximos 10 ó 15 años.

Ningún transbordador espacial, el vehículo que realiza el servicio Tierra-ISS, es capaz de transportarla entera, por ello se construye en órbita. Podríamos imaginar un ser de extraordinarias dimensiones (y al que además no le importara carecer de oxígeno, fuera capaz de desplazarse en el espacio, y cumpliera otros innumerables requisitos) entreteniéndose ensamblando las grandes piezas, viendo dónde encaja mejor cada una de ellas, probando diferentes combinaciones…

Como no existe dicho ser, las piezas se ajustan utilizando los brazos robóticos de la estación y del transbordador y, en ocasiones, los de los astronautas. Éstos, para realizar un paseo espacial, además de permanecer siempre atados a la estación con el fin de evitar irse flotando, requieren estar protegidos frente a las condiciones extremas de temperatura, la radiación solar altamente energética y el polvo interestelar, lo que se consigue con un complejo traje espacial. Asimismo, deben poder respirar, por ello llevan bombonas con oxígeno para varias horas. En la ISS, el oxígeno se obtiene mediante electrolisis: utilizando la electricidad generada con paneles solares, el agua da lugar, como en la fotosíntesis terrestre, a hidrógeno (que se libera al espacio) y oxígeno.

Los módulos son diseñados y construidos con extraordinaria precisión en la Tierra para que, una vez en el espacio, encajen perfectamente. Es una casa a la que se le van añadiendo "habitaciones". La idea de una "casa espacial" se remonta en la imaginación a 1869: en una novela aparece una especie de habitáculo de ladrillos que, desde la órbita terrestre, ayudaría a la navegación en el mar. En 1902, se escribió también sobre una residencia permanente en el espacio, donde los seres humanos cultivarían plantas. Con un acercamiento científico, el ingeniero Werner von Braun, conocido por su trabajo en el que fue el primer satélite estadounidense, el Explorer 1, ideó una estación espacial que obtendría gravedad artificial a partir de la fuerza centrífuga generada al girar sobre sí misma. Tendría un diámetro de 76 m y se situaría a más de 1.600 km de distancia del planeta.

Los soviéticos fueron los que, en la realidad, pusieron la primera estación espacial en órbita en 1971: Salyut 1. Los estadounidenses les siguieron con Syklab en 1973, un proyecto que finalizó un año más tarde. A partir de entonces, estas "casas" espaciales fueron cosa de la URSS, que tuvo seis. En 1986, comenzó a montarse la estación espacial Mir, que sería la primera habitada prácticamente de forma continua por astronautas, no sólo soviéticos, sino de diversas nacionalidades, incluida la estadounidense, en base a varios acuerdos internacionales que llegaron con la abertura de la URSS. Esta estación soviética acabó sus días de forma controlada precipitándose en el Océano Pacífico en 2001.

En el momento de su "suicidio asistido", la Mir ya tenía sucesora: la Estación Espacial Internacional (ISS), cuyo ensamblaje comenzó en 1998 con el lanzamiento del módulo Zarya con un cohete ruso Protón. Sus primeros "inquilinos" llegaron el año 2000, la Expedition 1, en una nave Soyuz, en la cual pueden viajar hasta tres astronautas.

La ISS la constituyen diversos componentes: módulos de servicio, utilizados para las comunicaciones y el control de la estación, y también para albergar astronautas; módulos científicos, o laboratorios, donde se realiza la investigación científica; nodos, las piezas de unión entre módulos por donde pasan los astronautas; y paneles solares, que captan la radiación del Sol y la transforman en energía eléctrica. Los transbordadores Shuttle estadounidenses, como el Discovery, el Atlantis y el Endeavour, capaces de acoger hasta siete personas, han sido los principales encargados del traslado de la Tierra a la ISS de los módulos, diseñados para caber en su bodega.

Las naves Soyuz y los transbordadores estadounidenses transportan pasajeros y carga. Hay otros vehículos no pilotados que se utilizan para abastecer la ISS de combustible, equipamiento y víveres, como la nave rusa Progress o el carguero europeo Julio Verne (ATV, Automated Transfer Vehicle).

El primer laboratorio fue el ruso Zvezda, lanzado en 2000, donde vivieron los primeros astronautas. Le siguió el americano Destiny en 2004, el cual, además de experimentos científicos, alberga el centro de control del brazo robótico de la estación. En 2008, el japonés Kibo y el europeo Columbus han ampliado significativamente el espacio dedicado a la investigación científica.

Muy lejos no se encuentra la ISS: a unos 400 km de la Tierra. Un buen andarín, que realizara jornadas de 10 horas a 4 km/h, necesitaría menos de dos semanas para alcanzarla, si fuera posible ir a pie. Pero no lo es, y los pocos civiles que han dormido en ella han pagado a cambio del transporte y estancia cantidades astronómicas. Lo que sí puede hacer el común de los mortales es observarla a simple vista cruzar el cielo con un brillo parecido al de Venus. Para distinguirla, el mejor momento es antes del amanecer o después del atardecer, cuando todavía la ilumina el Sol y para el observador, en cambio, ya es de noche.

Las agencias espaciales americana y europea (NASA y ESA) indican en sus páginas web la posición en tiempo real de la estación, la cual no es siempre visible desde los mismos lugares, pese a seguir la misma trayectoria alrededor de la Tierra. Ello es debido a la rotación terrestre: aunque la ISS regrese al mismo lugar de su órbita elíptica, el planeta bajo sus "pies" se ha movido. De este modo, cubre hasta el 85% de la superficie terrestre, donde habitan el 95% de sus habitantes. Resulta sorprendente pensar que en ese punto luminoso se concentra gran parte de la tecnología más avanzada que ha sido capaz de crear el Hombre.

Este "centro de investigación" en continuo movimiento alberga experimentos científicos de disciplinas varias: medicina, ciencias de la Tierra, biología, física, botánica…, muchos de los cuales aprovechan las condiciones espaciales de ingravidez para estudiar cómo reaccionan a ellas diferentes organismos, incluyendo el ser humano. También es un lugar donde se ensayan nuevas tecnologías y sistemas de comunicaciones. El conocimiento obtenido se invierte en intentar llegar más lejos en la exploración del Universo, tanto física como cognitiva.Pero no sólo revierte en la exploración espacial, sino también en el avance de la ciencia en general y en la vida cotidiana del ser humano en la Tierra.

Actualmente, las tripulaciones de la ISS permanecen hasta seis meses "allí arriba", durante los cuales ven salir el Sol cada 90 minutos. Además de realizar los experimentos, y actuar como cobayas ellos mismos, los astronautas se encargan del mantenimiento de la ISS así como de la incorporación de nuevos módulos. Desarrollan su trabajo como peces fuera del mar, eso sí, la mayoría del tiempo en esa inmensa pecera acondicionada para ellos que es la estación, y sólo en ocasiones en su particular "escafandra" mientras trajinan directamente en el exterior. Sus experiencias permiten analizar las consecuencias psicológicas de una estancia continuada en el espacio, prever las necesidades de la tripulación y estudiar la organización necesaria para misiones más largas, como las que podrían llevarles hasta la Luna o Marte.

Si se visiona la película "2001: una odisea en el espacio", y después las imágenes y vídeos de la ISS, a uno le asalta el pensamiento de que a la ficción le ha llegado su realidad.


· Fuentes de información:

- Agencia Europea del Espacio (ESA)

- National Aeronautics and Space Administration(NASA)

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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