Observatorios: Kitt Peak

Ángel Gómez Roldán / 21-08-2009

Los Tohono O’odham son un grupo de aborígenes norteamericanos que residen sobre todo en el sureste de Arizona, EE.UU., y el noroeste de México. La “Gente del Desierto”, que es el significado del nombre en su lengua, posee unos 11.500 km2 de terreno en la parte estadounidense del desierto de Sonora, una zona deshabitada y de escasos recursos.

No obstante, precisamente la escasa población, lo aislado de la zona, y el carácter casi virgen de algunas de las montañas de la reserva hicieron que en 1958 la Fundación Nacional para la Ciencia de los Estados Unidos (NSF) llegara a un acuerdo de alquiler de unos 200 acres de terreno (aproximadamente 0,8 km2) con los Tohono O’odham: 50 dólares al año por la cumbre de una montaña de poco más de 2.000 metros de altura. El contrato a perpetuidad especifica que será válido siempre y cuando la montaña se utilice como emplazamiento de instalaciones científicas. Desde entonces, y en el casi medio siglo transcurrido desde que se inaugurara oficialmente en 1960, la cima de este monte alberga la mayor colección de instrumental astronómico de la Tierra para observaciones nocturnas en el visible y el infrarrojo, además de telescopios solares y radiotelescopios: el Observatorio Nacional de Kitt Peak.

Situado a unos 90 kilómetros al Suroeste de la ciudad de Tucson, en el estado de Arizona, Kitt Peak fue seleccionado en 1958 como el lugar idóneo para instalar el que sería el observatorio nacional de los Estados Unidos. Después de una campaña de tres años que incluyó más de 150 picos montañosos a lo largo del país, la NSF, en colaboración con la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía (AURA), decidieron que Kitt Peak, en las montañas Quinlan, sería el centro nacional para la astronomía óptica de los EE.UU. Así, el Kitt Peak National Observatory, que comparte instalaciones en la cumbre con el Observatorio Solar Nacional (NSO), opera tres grandes telescopios nocturnos (de 4, 3,5 y 2,4 metros de diámetro), además de otros diecinueve telescopios ópticos de ocho consorcios diferentes, amén de dos radiotelescopios. En la actualidad, y desde 1982, cuando se constituyó el NOAO (National Optical Astronomy Observatories), Kitt Peak es gestionado junto con el NSO y el Observatorio de Cerro Tololo en Chile. Se trata de los tres grandes complejos de astronomía óptica en tierra de los Estados Unidos.

Y tres son igualmente los telescopios ópticos más destacados de Kitt Peak. El mayor en abertura es el reflector de 4 metros Nicholas U. Mayall, instalado en 1973, que recibe su nombre de un antiguo director del observatorio. Con este instrumento, revolucionario en su tiempo por tamaño y tecnología, se estudiaron las anomalías en las curvas de rotación de las galaxias espirales, y se mostró la primera prueba de la existencia de la materia oscura en el Universo.

Sólo un poco más pequeño es el telescopio WIYN (de Wisconsin-Indiana-Yale-NOAO), de 3,5 metros de diámetro, veinte años más joven que el veterano Mayall. Más compacto y moderno, refleja la evolución tecnológica que los telescopios han experimentado en las últimas décadas.

El tercero es el instrumento solar más grande del mundo, con un espejo primario de 1,6 metros de abertura. Denominado McMath-Pierce en honor a dos astrónomos, el heliostato o espejo que lleva la luz solar al telescopio se encuentra en lo alto de una torre de treinta metros, que a su vez desvía la imagen a lo largo de un túnel inclinado que penetra otros ochenta metros en el interior de la montaña, dándole su peculiar aspecto. Inaugurado en 1962, es el gran instrumento más antiguo del observatorio, pero no por ello de menor importancia. Con él se han realizado importantes descubrimientos en física solar, como el de la detección de agua o isótopos de helio en el Sol, o la obtención de las primeras imágenes infrarrojas de alta resolución de la superficie de nuestra estrella.

Kitt Peak, al estar gestionado por AURA, tiene una fuerte implicación de las universidades estadounidenses (como en el caso del telescopio WIYN), y dos de sus telescopios menores, pertenecientes a la importante Universidad de Arizona, en Tucson, son un buen ejemplo de un trabajo puntero y de calidad. Con aberturas de 0,9 y 1,8 metros, los dos telescopios del grupo Spacewatch, del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, han sido los pioneros desde 1980 en los rastreos de los llamados cuerpos menores (asteroides y cometas) en nuestro Sistema Solar, y permanecen hoy día entre los líderes en este campo. Observando durante veinte noches al mes, sólo limitados por la Luna y la meteorología, estos telescopios tienen en su largo historial el crédito de haber sido los primeros en descubrir un cometa con cámara CCD, los primeros en hacer lo mismo con un asteroide de tipo NEO, cercano a la Tierra, e igualmente los primeros en desarrollar un software para detectar de manera automática y en tiempo real objetos de movimiento rápido en el Sistema Solar.

Por su parte, el histórico Observatorio Steward de la Universidad de Arizona, fundado en 1916, posee varios telescopios de tamaño medio en Kitt Peak, aunque el mayor de los instrumentos en los que participa, y uno de los telescopios más modernos del mundo, está ubicado en un complejo de nueva planta construido tambien en Arizona, no muy lejos de Tucson, el Observatorio Internacional de Monte Graham. En este lugar, a más de 3.200 metros de altitud, un consorcio EE.UU.-Italia-Alemania ha construido el Gran Telescopio Binocular (Large Binocular Telescope, LBT). Consta de dos espejos monolíticos de 8,4 metros de diámetro en una montura común que, al trabajar de manera simultánea, aportan un poder de resolución equivalente a 22,8 metros de abertura. Esto convierte de hecho al LBT en uno de los mayores y más avanzados telescopios del planeta. Se prevé que este mismo año 2009 el instrumento sea operativo científicamente, después de un largo periodo de construcción.

Así, y aunque no albergue ninguno de los telescopios gigantes de clase ocho metros como el LBT, con una continua mejora en la calidad de las observaciones y el empleo de instrumentación puntera, el histórico Observatorio de Kitt Peak sigue y seguirá jugando un papel central en la investigación astronómica en Estados Unidos y en el mundo.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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