Leyendo ciencia en... Astronomía popular

Annia Domènech / 23-08-2010

Camille Flammarion
Editores C. Marpon y E. Flammarion, 1884

Hay seres humanos en los cuales el entusiasmo por un saber viene acompañado por la necesidad perentoria de compartirlo. En ciertos casos, su labor comunicadora les exige tanto compromiso y esfuerzo como la adquisición de nuevos conocimientos. Algunos de ellos disfrutan del afecto y el reconocimiento de sus contemporáneos y su influencia les sobrevive en el tiempo a través de las vocaciones que despiertan.

Cuando se habla de Astronomía, uno recuerda inmediatamente la figura de Carl Sagan y "Cosmos", el libro y la serie documental que comparten nombre. Pero si nos remontamos un par de siglos, conoceremos a un personaje que fue capaz de fascinar a sus contemporáneos tanto o más que Sagan a nosotros. Su nombre era Camille Flammarion y nada hacía prever el destino que forjó para sí mismo.

Flammarion nació en La Haute Marne (Francia) en 1842 en el seno de una familia modesta. Su madre tenía grandes aspiraciones para él y se dedicó a estimular a un niño de por sí muy despierto. Cuando se anunció en los periódicos que habría un eclipse anular de Sol, ella colocó un cubo de agua para que Camille pudiera observarlo reflejado. Con nueve, repitió la experiencia durante un eclipse parcial, viéndolo esta vez también a través de un cristal ahumado. El paso de un cometa el año siguiente, que dibujó noche tras noche, reafirmó su interés por el cielo. Estaba subyugado por la posibilidad de predecir los movimientos de los astros. Cuentan que poco después cayó en sus manos un libro llamado “Flamma Orionis” sobre la constelación de Orión y lo tomó como un buen augurio.

Pero las cosas no iban a ser fáciles para Camille. Su familia se arruinó y se trasladó a París, y aunque en un principio continuó asistiendo a la escuela, pronto tuvo que abandonarla para trabajar como aprendiz. No renunció a su ilusión por la ciencia y asistía puntualmente a los cursos nocturnos de la Asociación Politécnica. Seguramente por el sobresfuerzo, cayó enfermo, y esto le dio una oportunidad inesperada. El médico al visitarle se fijó en los muchos libros sobre Astronomía que había en su habitación, incluido su manuscrito “Cosmogonía universal”, y le recomendó vivamente que fuera a ver a Urban Le Verrier, entonces director del Observatorio de París, quien le abrió sus puertas como astrónomo junior.

En esa época la astronomía de posición y la mecánica celeste están en eclosión. Se calculan las ubicaciones de las estrellas, se estudian los movimientos del Sol, se hallan nuevos cuerpos y ya se sabe que los planetas se perturban mutuamente. Recordemos algunos antecedentes destacados: en 1781 Herschel descubre por casualidad Urano; en 1837 se inventa el daguerrotipo, que permite fijar en imágenes las observaciones; y en 1846 se encuentra Neptuno a partir de los cálculos de Le Verrier. En 1850 llega la fotografía. A todo esto Flammarion, cuya aspiración es desentrañar la naturaleza de los cuerpos astronómicos, ve como su trabajo consiste en hacer cálculos y no en observar. La aparición en 1861 de su obra “La pluralidad de los mundos habitados” y su éxito inmediato, se agotan las 500 copias, darán un nuevo impulso a su carrera. ¿Qué tiene la escritura de Flammarion para que cuaje tanto entre el público? Es comprensible, lo que facilita su popularización. Es imaginativa con lo que traslada al lector a un mundo distinto. Y no está desprovista de contenido, al contrario, ensancha los horizontes y despierta inquietudes. La Astronomía, bien explicada, tiene la virtud de incentivar la reflexión. Y Flammarion fue la figura apasionada por el cielo que se asocia con un astrónomo.

No todo el mundo se tomó bien el triunfo literario de Camille. Le Verrier le echa del Observatorio, pero los detractores del controvertido director le acogen en el Bureau de Longitudes, donde se dedica a calcular las posiciones de la Luna. Su primer obra ha despertado el interés de los editores y ya nunca dejará de publicar: ensayos, libros, artículos… también en la prensa diaria. Le abren las páginas de la “Revue Française”, el “Annuaire du Cosmos”, el “Magasin Pittoresque”, “L´Astronomie”, “Le Siècle”… Y se prodiga impartiendo conferencias y cursos, tanto en Francia como en el extranjero. Su estilo estimulante y evocador encantaba a la gente.

En 1874, publica “Los mundos imaginarios”; en 1875, “Las maravillas celestes”; en 1877, “Las tierras del cielo”; y, en 1879, “Astronomía popular”.

“Astronomía popular” fue, como su nombre parecía pronosticar, la más popular de sus astronomías. Entre 1879 y 1924 se imprimieron 130.000 ejemplares y se tradujo a varios idiomas. Ilustrada con preciosos grabados llenos de poesía, es el reflejo una época en la que la ciencia se permitía ser todavía soñadora y tomar prestados elementos de las artes para acompañarla. No es osado afirmar que su aparición conllevó una verdadera revolución en la divulgación de la Astronomía. Flammarion se sentía inspirado por el científico François Arago, al que consideraba, tal y como recoge en la dedicatoria de su obra, fundador de la astronomía popular. De hecho, este antiguo director del Observatorio de París, fallecido un cuarto de siglo antes, había escrito un libro con el mismo título.

En literatura los grandes libros sobreviven a sus autores. ¿Qué ocurre cuando sus contenidos son científicos? El avance de la ciencia se basa en la falsación: un postulado es válido sólo hasta que se demuestra que no lo es. No hay verdades absolutas, sólo temporales, su fecha de caducidad es desconocida y un texto científico puede rápidamente llegar a ella. Camille se revela científicamente moderno al ser consciente de esto y avisa al lector de que sus escritos corresponden a los conocimientos astronómicos más avanzados del momento, ni más ni menos, y recopila los logros desde Arago: la naturaleza de las estrellas dobles, la composición química de las estrellas, las características de otros planetas, las fotografías de la superficie lunar…

El tiempo, o mejor dicho el avance científico consiguiente, ha convertido ciertamente en obsoletas muchas de las explicaciones de “Astronomía popular”, por ejemplo la que versa sobre la naturaleza de las galaxias. A los ojos de esa época el Universo se limitaba a la Vía Láctea y el resto de galaxias eran nebulosas. Las erróneas demostraciones científicas que sostienen la teoría de la nebulosa simbolizan, en cierto modo, lo que se comentaba antes sobre la progresión científica. No fue hasta los años treinta del siglo XX que se estableció que se trataba de sistemas equivalentes a nuestra galaxia pero situados a gran distancia, de ahí su pequeño tamaño aparente.

También estaba equivocado en su creencia sobre la presencia de mares y continentes en la superficie de Marte. Intrigado por este planeta y la posibilidad de vida extraterrestre, publicó “El planeta Marte y sus condiciones de habitabilidad”, un compendio de todo lo que se había escrito sobre la cuestión. Otros contenidos de “Astronomía popular” son aún válidos y destacan por su ingenio, como la visual explicación de la gravedad reinante en los distintos cuerpos del Sistema Solar. Y es muy completo el capítulo sobre las estrellas dobles y múltiples, que centraron buena parte de su trabajo como astrónomo, de hecho hizo un catálogo de las mismas después de que Le Verrier le acogiera de nuevo en el Observatorio. Otras actuaciones destacadas de Flammarion fueron la fundación del Observatorio de Juvisy, gracias a la donación de un admirador de gran fortuna, el Señor Meret, y la fundación de la Sociedad Astronómica de Francia, de la que fue el primer presidente.

Flammarion escribió profusamente, más de sesenta libros, y no todos sobre Astronomía. Sus intereses eran vastos e incluían la vulcanología, la filosofía, la psicología, la climatología, la botánica… Y la composición de la atmósfera. Miembro de la Sociedad Aerostática, logró que el Ministerio de la Guerra le cediera un globo para usos científicos. Voló con él una docena de veces, la primera el Día de la Ascensión, y sus investigaciones cristalizaron en el libro “La Atmósfera: meteorología popular” (1888). Por si a alguien le intriga la elección de ascender un globo el día de la Ascensión, una fiesta católica, cabe destacar que en la vida y obra de Flammarion existen ciertos indicios de un sutil posicionamiento antirreligioso para quien quiera darse por enterado. Es curioso que simultáneamente dedicó mucha atención a los fenómenos paranormales.

En el primer capítulo de “Astronomía popular” uno lee que en esa época la ciencia se había, en la opinión de Flammarion, enriquecido y transformado, por un lado, y convertido en menos árida y egoísta, más filosófica y popular, por el otro. Indudablemente, todo ello gracias a gente como él. Con frecuencia para simbolizar la búsqueda del conocimiento en Astronomía se reproduce la imagen de un pelegrino que asoma su cabeza fuera de la esfera celeste. Su origen es controvertido, y hay quien aboga por que fue el mismo Camille el autor de la talla original de madera con la desteridad adquirida en sus tiempos de aprendiz. La hiciera o no, le representa, a él y a su infatigable curiosidad, cabalmente.


Bibliografía:

- Miller, A. F.: Camille Flammarion: his Life and his Work, Journal of the Royal Astronomical Society of Canada, Vol.19, p.265 - 1925

- Hockey, Thomas. Editor-in-Chief- Biographical Encyclopedia of Astronomers - Ed Springer, 2007

- Duplay, A. La vie de Camille Flammarion. L'Astronomie, Vol. 89, p.405, 1975

- Flammarion, Camille : Astronomie populaire ; Editores C. Marpon y E. Flammarion, 1884

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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