La Astrobiología busca su materia de estudio

Víctor J. S. Bejar / 25-06-2008

¿Qué es la vida? ¿Cómo se originó en la Tierra? ¿Existen otros planetas similares al nuestro capaces de albergarla? ¿Es un proceso común en el Universo? Responder a estas preguntas no resulta nada fácil, especialmente si tenemos en cuenta que actualmente sólo sabemos de la existencia de vida en nuestro planeta, y pretendemos generalizar el conocimiento de la misma a todo el Universo.

La Astrobiología o Bioastronomía es una rama multidisciplinar de la ciencia, de reciente creación, que tiene como objetivo el estudio de la vida en el Universo. Su fin último es responder, siempre desde una perspectiva científica, a estas preguntas. Para ello incluye aspectos muy diversos de la Biología, la Astronomía, la Química y la Geología.

Recientemente tuvo lugar en la ciudad de Santa Clara (California, EE.UU.) el quinto congreso internacional de Astrobiología, el AbSciCon2008 (Astrobiology Science Conference), uno de los más importantes de esta disciplina, que reunió a más de 500 científicos de todo el mundo para debatir los avances más recientes en el campo.

Entre otras cuestiones, se hizo una revisión de los estudios sobre el origen de la vida en nuestro planeta. Desde los trabajos pioneros de Haldane y Oparín, que este último explicó en el libro "El Origen de la vida" (1938), pasando por los famosos experimentos de Miller-Urey (1953), que fueron capaces de producir los primeros componentes orgánicos en el laboratorio a partir de materia inorgánica, siendo Stanley Miller un estudiante de doctorado. Fue ésta una época en la que la ciencia se regía por unos patrones difíciles de encontrar en la actualidad. Así, el director de tesis de Miller, el premio nobel Harold Urey, renunció a ser co-autor del artículo principal que mostraba estos resultados con el objetivo de no eclipsar los logros de su pupilo.

Posteriormente son numerosos los componentes orgánicos que se han conseguido sintetizar en el laboratorio, e incluso que se han detectado en lugares tan diversos del Universo como los cometas o las nebulosas planetarias. El descubrimiento de las cadenas de ARN (Ácido Ribonucleico), una de las moléculas básicas que contienen información genética, con capacidad de actuar como las enzimas proteínicas (que operan como catalizadores básicos de las reacciones biológicas), impulsó las teorías que sitúan a estas moléculas en el origen de la vida. Sin embargo, a pesar de los avances en el estudio de la química asociada a la evolución de la vida, aún no se ha conseguido producir en el laboratorio a partir de ARN ribosomas, que son los elementos celulares básicos en la síntesis de proteínas a partir de la información genética. Por tanto, a pesar de que la vida es muy persistente, como lo demuestra el hecho de que la hayamos encontrado en los ambientes más extremos (ácidos, salinos e incluso radiactivos), resultados como los anteriores indican que su aparición podría no ser frecuente.

Otro de las cuestiones interesantes dentro de la Astrobiología es el estudio de la aparición y evolución de la inteligencia. Aunque hay indicios del desarrollo de diversas formas de "inteligencia" animal a lo largo de la historia de la evolución biológica en nuestro planeta, la aparición de ésta no es frecuente. Tan sólo en el caso del ser humano la inteligencia ha dado lugar muy recientemente (en escalas evolutivas) a la obtención de una tecnología. Varios científicos, en su mayoría físicos, plantearon en décadas pasadas que la inteligencia constituye un nicho evolutivo. Por tanto, si el ser humano desapareciera como especie, otra desarrollaría su inteligencia y ocuparía su lugar. Sin embargo, esta hipótesis, denominada por Lineweaver "Hipótesis del Planeta de los Simios", ha recibido fuertes críticas por muchos otros científicos, mayoritariamente biólogos. Éstos argumentan que, a pesar que en diversas regiones aisladas del planeta los seres vivos evolucionaron de manera independiente, sólo en los homínidos africanos se desarrolló la inteligencia humana, y por tanto no hay pruebas de que ésta sea un hecho evolutivo convergente.

En todo caso, seguramente donde se han producido en las dos últimas décadas los mayores avances dentro de la Astrobiología es en el campo de la búsqueda de planetas extrasolares. Desde el descubrimiento de los primeros planetas alrededor de púlsares a cargo de Wolszczan y Frail en 1992, y el primero alrededor de una estrella solar por Mayor y Queloz en 1995, se han encontrado más de 250 planetas extrasolares. La mayoría de ellos han sido detectados con técnicas indirectas, como la velocidad radial, los tránsitos o la microlente gravitatoria; pero también hemos podido captar de manera directa la imagen de objetos con masas unas pocas veces la de Júpiter.

Muy recientemente se ha producido el hallazgo de planetas con masas unas pocas veces la de la Tierra. Son las denominadas "supertierras". Actualmente desconocemos si su superficie es rocosa, como la de nuestro planeta, o gaseosa, como la de Júpiter. Todo parece indicar que estos objetos se encuentran fuera de la zona de habitabilidad, que es la región alrededor de una estrella en la que puede existir agua en forma líquida, aunque ignoramos la composición de gases de su atmósfera. Ésta influye drásticamente en la temperatura superficial de un planeta, como lo demuestra el caso terrestre con sus gases de efecto invernadero, tan denostados recientemente por sus efectos en el denominado "cambio climático".

Las investigaciones más recientes parecen apuntar que, en poco tiempo (meses o años), conoceremos los primeros planetas rocosos en los que, de existir agua, ésta se encontraría en forma líquida. Para las próximas décadas se están planteando proyectos, desde tierra y desde el espacio, con el objetivo de poder tomar imágenes de planetas como la Tierra fuera de nuestro Sistema Solar. Incluso en algunos de ellos se espera poder analizar la existencia de agua líquida y otros rasgos que indiquen la presencia de vida. Paralelamente, también se intensifican los esfuerzos por enviar misiones para estudiar los sitios de nuestro Sistema Solar donde existe una mayor probabilidad de que se haya originado la vida, tales como Marte, Europa o Titán. Hasta entonces, o incluso es posible que después, la Astrobiología o Bioastronomía, como afirmó el biólogo evolucionista George Simpson, seguirá siendo una disciplina en búsqueda de su materia de estudio.

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El autor

Víctor J. S. Bejar es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid, Doctor en Astrofísica por la Universidad de La Laguna y, actualmente, Investigador Ramón y Cajal del Instituto de Astrofísica de Canarias.

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