Mercurio, un infierno al Sol

Ángel Gómez Roldán / 28-04-2004

A pesar de su relativa cercanía a la Tierra, Mercurio es uno de los planetas menos conocidos. El motivo es que es muy próximo al Sol, lo que determina que su observación telescópica nocturna sea muy complicada, ya que siempre se encuentra en las proximidades del horizonte crepuscular, por donde sale o se pone nuestra estrella.

Los instrumentos en órbita, como el Telescopio Espacial Hubble, tampoco pueden estudiarlo, ya que el resplandor solar lo sitúa dentro de los límites de seguridad no permitidos del telescopio. Esta vecindad con el Sol también complica extraordinariamente una misión espacial hacia el planeta, pues la enorme gravedad solar, junto con sus intensas radiaciones y elevadas temperaturas, conllevan que las trayectorias orbitales y los frenados para situarse en la órbita de Mercurio sean muy complejos. Además, las sondas han de construirse con aislamientos térmicos y de radiación eficaces para soportar unas condiciones tan hostiles. Afrontando el reto, tanto la agencia espacial estadounidense, la NASA, como la europea ESA y la japonesa JAXA tienen proyectos para conocer mejor el planeta más caliente del Sistema Solar en los próximos años.

La NASA es la más avanzada, pues lanzará su sonda Messenger a finales de julio de este año. Después de realizar tres sobrevuelos a Mercurio (en enero y octubre de 2008 y en septiembre de 2009) finalmente la sonda se colocará en una órbita fuertemente elíptica en torno al planeta en marzo de 2011, treinta y siete años después de Mariner 10, la única sonda, también de la NASA, que ha visitado Mercurio hasta hoy.

Se prevé que Messenger pueda operar como mínimo durante doce meses cartografiando el planeta en su totalidad, incluyendo el hemisferio que no fue observado durante los tres sobrevuelos de la Mariner 10. También realizará medidas de la composición mineralógica de la superficie y estudiará su tenue atmósfera y su campo magnético.

BepiColombo es el ambicioso proyecto conjunto de la ESA y la JAXA. Se trata de una sonda compuesta por dos orbitadores: el europeo, que observará el planeta durante un año terrestre; y el japonés, que estudiará la magnetosfera de Mercurio. En las etapas de desarrollo preliminar se evaluó la posibilidad de incluir un pequeño aterrizador, que se hubiera convertido en el primer artefacto en posarse sobre la tórrida superficie mercuriana. Por desgracia, los recortes presupuestarios cancelaron recientemente este tercer componente.

La sonda europeo-nipona recibe su nombre en honor del científico italiano Giuseppe (Bepi) Colombo (1920-1984), que descubrió la resonancia 3:2 entre los períodos de rotación y de traslación de Mercurio: gira tres veces por cada dos vueltas alrededor del Sol. El lanzamiento de BepiColombo está previsto en septiembre de 2012 y su puesta en la órbita de Mercurio hacia finales de 2016.

¿Qué se sabe actualmente de Mercurio? Con un diámetro de 4.880 km, es el más pequeño de los planetas, a excepción del lejano y diminuto Plutón. Incluso es algo menor que algunos satélites planetarios, como Ganímedes (de Júpiter) o Titán (de Saturno). Forma parte de los planetas rocosos interiores (los otros tres son Venus, la Tierra y Marte), siendo el más cercano al Sol, a un poco más de la tercera parte de la distancia entre nuestro planeta y la estrella.

Su período de traslación, en una órbita bastante elíptica, es de unos 88 días, mientras que el de rotación apenas supera los 58. Ambos períodos están acoplados en resonancia, tal y como descubrió el mencionado Giuseppe Colombo a finales de los años sesenta. Las variaciones de su temperatura superficial son las más extremas del Sistema Solar: hasta 360º C en la cara diurna y 140º C bajo cero en la nocturna. Recibe casi diez veces más energía del Sol que la Tierra.

Las imágenes de Mariner 10, que cartografió apenas el 45 % de su superficie, muestran un paisaje lunar densamente poblado de cráteres. Destaca Caloris, una enorme cuenca de impacto de 1.350 kilómetros de diámetro, de las mayores del Sistema Solar. Unos análisis recientes de los datos que proporcionó dicha sonda parecen mostrar que algunas de las estructuras superficiales de Mercurio son debidas a un intenso vulcanismo durante la formación del planeta.

Una de las características más sorprendentes de Mercurio es la existencia de hielo de agua permanentemente congelado en regiones del polo norte donde nunca llega la luz del Sol. Esta aparente paradoja, al fin y al cabo se trata del planeta más caliente del Sistema Solar, fue descubierta en 1992 mediante observaciones de radar, que no están tan limitadas como las ópticas por el resplandor solar. Los depósitos de agua solidificada, probablemente fruto del impacto de núcleos cometarios en el pasado, son uno de los objetivos de las misiones espaciales en preparación.

Otro de las peculiaridades del planeta que los científicos no saben explicar es su enorme núcleo de hierro, que ocupa un 42 % del volumen total del planeta (el núcleo terrestre sólo ocupa el 17 %). Por ello, pese a su pequeño tamaño tiene una densidad muy elevada, de 5,43 gr/cm3.

A la espera de que Messenger y BepiColombo permitan saber más de Mercurio, podemos tratar de observarlo directamente. Por lo que se dice, Galileo se quejaba en su lecho de muerte por no haber podido ver nunca este elusivo planeta. La dificultad radica en que, como ya se ha comentado, está condicionado por su cercanía al Sol: sólo es visible poco antes de la salida o poco después de la puesta de nuestra estrella, y siempre muy cerca del horizonte. Para poder distinguirlo, se necesita un panorama despejado, una atmósfera limpia y, también, conocer las fechas idóneas.

En estos momentos, Mercurio se encuentra en conjunción con el Sol, lo que significa que no es visible al encontrarse inmerso en el resplandor solar. Dentro de aproximadamente dos semanas, ascenderá lentamente en el horizonte oriental hasta situarse a la máxima distancia aparente del Sol el día 14 de mayo. Por tanto, a mediados de mayo habrá que buscar a Mercurio unos 45 minutos antes de la salida del Sol para poder distinguirlo muy bajo en el Este.

La siguiente oportunidad, más cómoda, se presenta la segunda quincena de julio al atardecer. De hecho, la semana del 19 al 25 de julio es la mejor de todo el año para intentar ver a Mercurio. En concreto, el día 19 al anochecer el planeta se situará hacia el oeste, muy cerca de una fina Luna creciente, que puede ayudar en la observación. Quizás haya más suerte que la que tuvo el sabio italiano.

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    Imagen de Mercurio

    © Mariner 10, NASA

    Posición del planeta en el cielo

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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