Entrevista a Jean Fontaine

Vida + Mecánica = Jean Fontaine, escultor

Annia Domènech / 29-01-2003

Jean Fontaine, escultor francés nacido en 1952, ha realizado numerosas exposiciones tanto colectivas como individuales. Destacan Zoofolie, un bestiario fabuloso, y Mécanofolie, que une hombre y máquina en cada escultura.


Resulta curiosa la unión de hombre y máquina en una escultura. ¿Es habitual?
Mezclar diferentes partes humanas o animales con la mecánica u otras variantes es un viejo hábito de los escultores. Jerome Bosch ya empezó a hacerlo, después vinieron los surrealistas... Al mezclar partes diferentes obtenemos un ser monstruoso.

Mécanofolie llega después de Zoofolie. ¿Por qué no también una Plantfolie?
La intención era mostrar que la mecánica invade todo el mundo vivo. A mí, las plantas no me parecen seres tan vivos como los animales, pero también se podría hacer.

¿Cómo ve la evolución de las máquinas?
Las máquinas son una prolongación del hombre. A priori, se construyeron para facilitarnos la vida, pero también como un desprecio hacia el mundo vivo que nos rodea, puesto que contribuyen un poco a la destrucción del mundo animal.

Parece ciencia-ficción.
Sí, un poco. En un primer momento, la ciencia-ficción reivindicaba a las máquinas que permitían al hombre mejorar, pero después pasó a mostrar la lucha del hombre con la máquina y como ésta conseguía dominarle. Todas las producciones recientes en ciencia-ficción van en este último sentido, en que la máquina toma el lugar del hombre.

¿Y usted se lo cree?
No, pero sí es cierto que vivimos en una sociedad consumista en la que se utilizan máquinas para cualquier pequeño logro.

¿Entonces su obra nos muestra un posible futuro?
Mi obra no es ciencia-ficción, sino pequeños ensamblajes a través de los cuales yo intento transmitir una sensibilidad.

¿Qué formación académica ha seguido para poder dedicarse ahora a la locura de las máquinas?
Estudié en la facultad de artes plásticas y después pasé unos años en Poitiers aprendiendo a trabajar la cerámica. Allí adquirí la técnica que me permite hacer esto. En los años cincuenta, no hubiera sabido cómo hacerlo.

¿Qué materiales emplea en su trabajo?
Principalmente tierra. Aunque el resultado final parezca de metal, es una mentira. Pienso que la gente se siente atraída por el misterio que esto crea.

¿Cree que las personas que ven sus obras se dan cuenta de ello?
Sí. Todo el mundo toca. Además, las partes humanas están hechas a partir de moldes de yeso, lo que permite reproducir cualquier detalle, cualquier pliegue de los modelos, no podría ser hierro. Entonces, la gente se cuestiona sobre ello. Hay que pararse delante de la pintura y la escultura para verlas bien. Con frecuencia, sólo se pasea por delante, como en los museos.

¿Qué interés le produce la máquina?
Yo veo en la máquina una prolongación de la naturaleza humana, de su potencia y, también de su deseo de dominar, tanto la naturaleza como su propio destino. Somos capaces de modificar completamente nuestro entorno, lo que ninguna especie animal había hecho previamente, e incluso a nosotros mismos, aunque la inclusión de partes metálicas en el hombre sea al fin y al cabo anecdótica. En cambio, el desarrollo de maquinaria es muy grande, lo que nos permite salir de nuestro medio y, por ejemplo, volar como los pájaros o nadar como los peces.

La perfección de la máquina frente al hombre.
La cuestión es que ahora producimos máquinas para todo, no sólo para asuntos importantes, como son la alimentación, el calentarnos, poder vivir lejos... lo que es en cierto modo pertinente. Estamos rodeados de pequeñas máquinas que no sirven para casi nada, es la sociedad de consumo. En cierto modo, una locura.

¿En qué tipo de maquinaria se inspira para hacer sus esculturas?
No en máquinas pequeñas sino más bien grandes, que hacen ruido, que se pueden ver funcionar, en las cuales se aprecia la lógica mecánica, que es la eficaz en cambiar el mundo. No hay ninguna parte electrónica en las máquinas, ningún pequeño mecanismo que no se vea bien. Es simbólico: yo he escogido la mecánica grande e intemporal, la del s. XIX, que uno se imagina indestructible y poderosa.

¿Ha pensado en construir máquinas animadas?
No, porque creo que la imaginación es mucho más fuerte que la realidad. Es mejor imaginar cómo una máquina funcionaría que verla realmente funcionar. Como mis “máquinas” incluyen partes del cuerpo, se puede pensar en su movimiento. Creo que las esculturas móviles son muy limitadas y repetitivas, y que cuando ya se han visto una vez pierden la gracia. Lo mío es la vieja mecánica intemporal.

¿Cuantas piezas incluye la exposición?
Esta compuesta de una treintena de esculturas cuyos nombres destacan su parte cómica, contrariamente a la opinión de mucha gente que piensa que se deben poner nombres precisos para fijar un poco el significado de la pieza.

¿Qué opinión le merece mostrar cuerpos humanos conservados con resina?
Mostrar el cuerpo humano como una máquina tubular está bien, ya que lo desacraliza un poco. Sin embargo, choca mucho a la gente y éste es su lado “putanero”. La exposición de la que hablas ha recorrido mucho mundo y en todos lados da que hablar. Quizás el artista jugó con el lado provocador. Tengo una opinión dividida, pero no la he visto.
En París visité una exposición de materia seca del siglo XVII-XVIII. Se trataba de cadáveres, pero mostrados bajo un aspecto pedagógico y científico. Lo que cambia en la exposición que comentas es la ausencia de lado científico, la ambigüedad, la necesidad de molestar. No sé.

¿No cree que para un artista es necesario chocar para atraer a la gente?
Cuando es sistemático, un fin en sí mismo, es simplemente chocar, no tiene interés. Cuando se hace para hacer pasar un mensaje de humor, de belleza, de seducción; para transmitir ideas, de acuerdo.

¿Piensa que hay muchos artistas relacionados de algún modo con el mundo científico?
Actualmente, no mucho. Hace cincuenta años había más conexión entre la ciencia y el arte que ahora.

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El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

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