Observatorios: Monte Wilson y Monte Palomar

Ángel Gómez Roldán / 29-07-2009

Pocos astrónomos pueden decir que han creado a lo largo de su carrera el mayor telescopio del mundo. El estadounidense George Ellery Hale (1868-1938) fue uno de ellos, y no lo hizo sólo una vez sino cuatro.

La primera ocasión fue con el refractor de 1 metro de abertura del Observatorio de Yerkes, cerca de Chicago, obra suya en 1895, y que aún sigue ostentando el título de mayor telescopio de lentes que existe. Tras su mudanza a la soleada California en busca de mejores cielos que los de Yerkes, el emprendedor Hale fundaría en diciembre de 1904 el Observatorio de Monte Wilson, muy próximo a Los Ángeles, que se convertiría pronto en uno de los más importantes del mundo a principios del siglo XX. Hogar sucesivo de los dos mayores telescopios de la época, el 60 pulgadas (en 1908) y el 100 pulgadas (en 1917) –segundo y tercer telescopios en el ranking particular de Hale– albergó igualmente las más potentes instalaciones existentes dedicadas al estudio del Sol.

Estos instrumentos pioneros, junto con los brillantes científicos que los usaron (con nombres míticos como Shapley o Hubble) revolucionaron la astronomía con descubrimientos tales como que el Sol posee un campo magnético y que éste juega un papel clave en su actividad, o que el mencionado astro rey no se encuentra en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, sino en su periferia. Igualmente se constató la existencia de poblaciones de estrellas de diferentes edades, y se pudo determinar que el Universo está poblado por innumerables galaxias, además de la nuestra, que se alejan unas de otras desde el Big Bang.

El entonces denominado Observatorio Solar de Monte Wilson fue establecido bajo los auspicios de la Institución Carnegie de Washington (la palabra "solar" fue eliminada de su nombre en 1919, poco después de la finalización del telescopio de 100 pulgadas). Ese año, Hale trasladó el Snow Solar Telescope desde el Observatorio de Yerkes a los cielos más soleados y estables de Monte Wilson para continuar con sus estudios del Sol. Con un reducido equipo de científicos e ingenieros de Yerkes acompañándole, Hale dio comienzo al que pasaría a ser el complejo de investigación astronómica más importante del planeta.

Como fundador del nuevo campo de la astrofísica –denominada en esos años "Nueva Astronomía"–, Hale trató de entender los procesos físicos que tenían lugar en el Sol y otras estrellas distantes. Junto con sus colegas, desarrolló nuevas tecnologías para extraer la información de la radiación procedente de los objetos astronómicos lejanos. Empleando laboratorios en tierra donde podían reproducirse las condiciones cósmicas, este pequeño grupo de científicos pioneros comenzó un largo proceso para descifrar la radiación, una radiación que sólo podría detectarse con nuevos y potentes telescopios e instrumentos.

Así, el telescopio de 60 pulgadas (1,5 m) fue utilizado por Harlow Shapley para medir por vez primera el tamaño de nuestra galaxia y determinar la posición del Sol en ella, mientras que el de 100 pulgadas (2,5 m) lo usó Edwin Hubble para determinar las distancias y velocidades de las galaxias cercanas, demostrando que son universos islas separados y no nebulosas dentro de la Vía Láctea, como la mayoría de los astrónomos pensaba entonces. Igualmente descubrió, con la ayuda de Milton Humason, las primeras indicaciones de que el Universo se encuentra en expansión.

En 1928, Hale consiguió de la Fundación Rockefeller un fondo de seis millones de dólares (una fortuna para la época) para la construcción de un telescopio de 200 pulgadas (5,08 metros de diámetro), que sería administrado por el recién formado Instituto de Tecnología de California, el famoso Caltech. Pero con la contaminación lumínica de Los Ángeles cada día más severa, Monte Wilson ya no era el sitio ideal para albergar el 200 pulgadas, por lo que Hale empezó la búsqueda de un emplazamiento mejor para el gran telescopio (el cuarto de su lista). Se consideraron lugares en la misma California, Arizona, Texas, Hawai y Sudamérica, pero al final el primer favorito y eventual vencedor fue una montaña de 1.700 metros de altitud a unos 130 km al sureste de monte Wilson, y que al parecer recibía su nombre de la gran cantidad de palomas que había en la zona y del uso que los antiguos colonos españoles les daban: Monte Palomar.

El proceso de fundido, tallado y pulido del espejo de 200 pulgadas fue una labor ímproba que requirió más de una década, con la Segunda Guerra Mundial de por medio. Esto hizo que hasta 1949 el telescopio, que recibió el nombre de Hale, no fuese inaugurado oficialmente por Hubble. A partir de esa fecha se convirtió en el mayor telescopio óptico del mundo, puesto que conservaría durante más de tres décadas hasta la llegada del telescopio soviético BTA de 6 m de abertura.

Con su enorme capacidad colectora de luz, el telescopio Hale continuó la senda abierta de sus hermanos menores de Monte Wilson. Ha aportado a la astrofísica importantes descubrimientos en los campos de la evolución estelar y la cosmología, por mencionar sólo dos de los más relevantes. La cúpula blanca de 42 metros de diámetro de estilo art decó del telescopio de 200 pulgadas de Monte Palomar es todo un icono. En este "Año Internacional de la Astronomía" en el que cumple su 60 aniversario continúa siendo uno de los instrumentos más capaces construidos para observar el firmamento.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, el Observatorio de Monte Wilson alberga algunas de las instalaciones más avanzadas para realizar interferometría optica, con nueve telescopios de entre 1 y 1,7 m de diámetro, y además mantiene operativo científicamente el venerable telescopio de 100 pulgadas. Por su parte, las torres solares siguen recogiendo diariamente datos de nuestra estrella en la que constituye la serie más larga de observaciones continuadas de la misma de todo el mundo. Monte Palomar, por otro lado, sigue muy activo, con nueva instrumentación en el 5 metros y en sus otros telescopios menores, como el 1,5 m, con el que se descubrió el mayor planeta enano, Éride, en 2005. En definitiva, y a pesar de que los gigantes de 8 y 10 metros de otros lugares remotos del mundo los han relegado a un segundo puesto, estos dos observatorios californianos han jugado un papel fundamental en la historia de la astronomía moderna, y todavía tienen mucho que ofrecer.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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