Observatorios: Siding Spring

Ángel Gómez Roldán / 30-10-2009

Este mes de octubre, uno de los telescopios más emblemáticos del mundo acaba de cumplir su trigésimo quinto aniversario: el AAT (Anglo-Australian Telescope), un instrumento de 3,9 metros de abertura ubicado en el Observatorio de Siding Spring, al este de Australia, a unos 350 kilómetros al noroeste de Sidney. Durante la ceremonia de conmemoración, este observatorio regaló un reloj de Sol a la cercana ciudad deCoonabarabran como agradecimiento a los esfuerzos de esta pequeña población y otras aledañas en su lucha contra la contaminación lumínica. De hecho, a la propia Coonabarabran, de poco más de 2.600 habitantes, se la conoce como la “Capital de la Astronomía de Australia”.

Siding Spring se sitúa a poco más de 1.100 metros de altura sobre el nivel del mar en el Parque Nacional Warrumbungle, a unos 40 kilómetros al oeste de Coonabarabran, en el estado de New South Wales. Fue allí donde el 16 de octubre de 1974 el Príncipe Carlos de Inglaterra y el Primer Ministro Australiano inauguraron oficialmente el AAT, un telescopio creado con el objetivo de ser un recurso observacional en el óptico y el infrarrojo de primera clase para los astrónomos de ambas naciones. En la época en la que se construyó existían muy pocos telescopios grandes en el hemisferio sur, y el cielo austral aún era bastante poco conocido. Este telescopio de la llamada “clase 4 metros”, en referencia al diámetro de su espejo principal, fue el primero en ser manejado completamente por ordenador, y el primero también en obtener espectaculares imágenes de objetos del cielo austral, las famosas instantáneas del astrónomo y astrofotógrafo David Malin.

Con sus treinta y cinco años, el Telescopio Anglo-Australiano está en plena madurez, y gracias a continuas innovaciones tecnológicas, permanece como uno de los telescopios más productivos científicamente del mundo. Así, tanto en productividad como en impacto, se sitúa el primero de todos los telescopios de cuatro metros del planeta, doblando en citaciones a su más cercano competidor. Y de entre todos los telescopios ópticos de cualquier tamaño, ya sea en tierra o en el espacio, es el quinto en este baremo de productividad e impacto. Entre algunas de sus contribuciones podemos destacar el hallazgo de veinticinco planetas extrasolares, su contribución a determinar el origen de las explosiones de rayos gamma, y mediciones precisas de las cantidades de materia y energía oscura en el Universo.

Sin embargo, con ser el mayor, no es ni mucho menos el único del observatorio de Siding Spring. Este complejo fue fundado una década antes de la inauguración del AAT, a mediados de los años sesenta, por la Universidad Nacional de Australia (Australian National University, ANU), tras buscar un lugar para sus telescopios libre de la contaminación lumínica que afectaba ya por entonces seriamente a su emplazamiento observacional original, Monte Stromlo, cerca de Canberra. Este observatorio histórico fundado en 1924, fue destruido casi completamente por un voraz incendio forestal en 2003, y hoy en día se están restaurando parte de sus instalaciones. Siding Spring, así, fue el lugar elegido por los ingleses y los australianos para instalar su nuevo telescopio de 3,9 metros. Acompañando al AAT, también se instaló un telescopio cámara Schmidt de 1,24 metros de abertura, configurando lo que se vendría a llamar el Anglo-Australian Observatory (AAO) dentro de Siding Spring. Precisamente el año próximo, el 1 de julio, el AAO dejará de ser una institución binacional para convertirse en una entidad únicamente australiana, conservando el acrónimo y pasando a denominarse Australian Astronomical Observatory.

En Siding Spring, además de los dos telescopios del AAO, la Universidad Nacional de Australia –que es la que gestiona y opera todo el complejo–, posee varios instrumentos importantes, entre los que sobresale un telescopio de nueva tecnología inaugurado en 1984, de 2,3 metros de abertura. Este telescopio fue el primero que combinó novedades tecnológicas como un espejo primario delgado, una montura altacimutal y un edificio-cúpula rotatorio. Por su parte, la última y más novedosa aportación de la ANU en Siding Spring es el SkyMapper, un telescopio en construcción de 1,35 metros dotado de una enorme cámara de 268 millones de píxeles y 5,7 grados de campo de visión. El SkyMapper estará destinado a realizar un cartografiado en múltiples filtros y con gran cobertura temporal del cielo austral similar al Sloan Digital Sky Survey (SDSS), llevado a cabo en el hemisferio norte. En especial, se pretenden hacer medidas muy precisas de las propiedades de las estrellas del mapeado, y cubrir una gran parte del plano de nuestra galaxia invisible desde el hemisferio septentrional.

Otro de los telescopios destacados de Siding Spring es el llamado Faulkes Sur, un instrumento robótico de 2 metros de diámetro propiedad de la Red del Telescopio Global del Observatorio de Las Cumbres, una fundación privada sin ánimo de lucro. Esta fundación estadounidense opera dos telescopios robóticos de 2 metros con fines científicos y, sobre todo, educativos; el Faulkes Sur, en Siding Spring, y su homólogo el Faulkes Norte, en Haleakala, (Hawai). Ambos telescopios pueden ser operados remotamente por estudiantes y profesores, además de por astrónomos aficionados, en una de las iniciativas más interesantes de cara a la didáctica astronómica.

La astronomía australiana dirige sus esfuerzos entre otros a desarrollar instrumentación puntera para telescopios gigantes como Gemini, Subaru o el futuro Giant Magellan Telescope, ya que las condiciones observacionales de Siding Spring, aún siendo buenas, no son óptimas para albergar a estos enormes recogedores de fotones. Pero sin duda la mayor baza de futuro la tiene el proyecto del Square Kilometer Array (SKA), un conjunto de radiotelescopios con una superficie colectora de un kilómetro cuadrado, y que serán el instrumento astronómico más potente jamás construido. Australia y Sudáfrica son las dos naciones que compiten por su emplazamiento, y la decisión final se tomará a finales de 2010. La isla-continente parece que tiene muy buenas posibilidades para conseguir que el SKA sea una realidad en su territorio a partir de mediados de la próxima década.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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